viernes, 30 de diciembre de 2011

¿DE QUE COLOR ERES?

El artista en este cuadro
esboza cuentos, juguetes---
con natural transparencia.
Variadas flores silvestres
y pinceladas de nubes grises
reflejan una etapa incierta.
A lo largo del jardín,
lágrimas de incomprensión 
mojan pétalos frescos
por ser" diferente" flor.
Entre paredes rocosas y negras 
se divisa un campo verde
y un horizonte azul.
No plasma ningún tono ocre.
Si hay destellos rojizos
dando un toque de pasión.
En este mosaico de colores
la obra queda incompleta,
el artista tiene dudas.
A la sensibilidad.
¿con qué tono colorea.?




Escrita por mi amiga Mª Carmen  Cué Jaio.

domingo, 25 de diciembre de 2011

COMENZAR

HE PODADO LAS VIEJAS RAMAS
ME HE QUEDADO DESNUDA
FRENTE AL ESPEJO
PASARÁ EL INVIERNO
Y TALLOS NUEVOS
BROTARÁN DE NUEVO

martes, 20 de diciembre de 2011

EL CUERPO

Carcelero del alma.
Envuelto en sangre y piel.
Señor de la vida,
 Con tiempo de caducidad
Mudas el traje y vuelves a empezar.
Trabajo efímero, imprevisible, mortal.
Buscas otros cuerpos y formas
Donde poderla atrapar.
Ella siempre escapa cuando la vida se va
Se traslada de cárcel  en cárcel
Pero siempre inmortal.

En blanco y negro

COLORES
En  blanco y negro recuerdo mi infancia.
Caminando por el arco iris              
Una  lluvia de colores despertó mis sentidos
Rojos azules  y verdes impregnaron mi vida
Nubarrones  grises ensombrecieron
el azul de mis ojos.
La dulzura de la brisa, el sonido del mar
El amor a la tierra  despejaron las nubes .                 
Colores nuevos se fundieron con el sol de la mañana, transformándolos.
En malvas lilas colores suaves
Como el atardecer.

INSTANTES

INSTANTES


Gotas de lluvia y sol formando el arco iris,
Miradas de amor, melodías que acompañan,
Abrazos en la noche, sueños tranquilos,
Recuerdos de infancia, besos de juventud,
Ternura de madre, realidad de mujer,
Belleza interior, sed de vida.
Cerrar los ojos mirar hacia dentro, apartar la hojarasca, hasta encontrar, dulces destellos de algo llamado felicidad.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Historia del conejo Pito

Pito, el protagonista de esta historia, es un pequeño conejo de pelaje blanco con fuertes patas, y hocico respingón.
Vive feliz en una de las muchas madrigueras, situadas en la linde del bosque en la parte alta de la colina .Un arroyuelo y un antiguo cercado rodeado de zarzas y raíces de robles, sirven de escondrijo a Pito y su familia.
Se alimentan de hierba rala y diente de león abundante en esa zona.
Pito rara vez se atreve a sobrepasar los límites establecidos por el arroyo.
Con la orejas levantadas, otea constantemente a su alrededor husmeando los aromas del bosque. Sus bigotes como antenas le alertan del peligro.” El aire trae aroma a muerte”
Dando un gran salto se introduce en la madriguera, alertando a su compañera Caqui la cual se encuentra atareada con la nueva camada de pequeños conejos.
Unas fuertes pisadas retumban encima de ellos.” Están en peligro.” La pesadilla que tantas veces ha perseguido a nuestro protagonista se hace realidad “El hombre.”
Recordó con pavor el día que por primera vez, se topo con su presencia.
Apenas le despuntaban unos incipientes bigotes en la cara, cuando la guarida en la que vivía junto con sus padres y hermanos se le empezaba a quedar pequeña .Su padre el gran conejo torneado negro y blanco, les tenía totalmente prohibido aventurarse fuera de los límites del claro del prado.
Pero Pito, haciendo caso omiso de su progenitor y a sabiendas que corría peligro al desobedecer a su padre, decidió atravesar la pradera y explorar las tierras del valle de los granjeros,
Unos destellos rojos que desprendían un fuerte olor, atrajeron su atención y con el atrevimiento que da la juventud se introdujo en un agujero escavado en la pared del huerto, delante de él deliciosas coles y granos de cosecha le invitaban a un suculento banquete, los tallos tiernos desprendían un aroma dulce y goloso, eran zanahorias, “placer de dioses,”solo unos pocos afortunados habían tenido la suerte de deleitarse con tal suculento manjar. .
El se sentía el conejo mas afortunado del mundo, había encontrado el edén de los conejos.
De pronto, un ensordecedor ruido le hizo comprender lo arriesgado de su situación .Una bestia lanuda y con afilados dientes emitiendo un sonido aterrador se dirigía hacia el. Pito, dio un gran salto y corrió hasta llegar al agujero del muro por donde pudo escapar de una muerte segura.
Perdido y exhausto, llego hasta el viejo roble cuyas raíces se trenzaban haciendo grandes huecos en la tierra, allí encontró cobijo a la espera de que pasase el peligro.
Avanzaba la tarde cuando los rayos del sol dejaban ver las gotas colgantes de los helechos, fue entonces, cuando Pito decidió volver a casa al auxilio de sus padres. Sigiloso y precavido y husmeando con su joven hocico, pudo detectar un fuere olor, para el desconocido hasta entonces el del hombre.


Restos de pelo y sangre acrecentaron sus temores .La conejera donde vivía con sus padres y hermanos había sido destruida y de su familia no quedaba más que un rastro de olor a muerte.
Grito, desesperado pero estaba solo frente a la inmensa pradera, triste y abatido nuestro pequeño huyo de aquella tierra donde había sido tan feliz.
Vago como un paria, hasta que fue rescatado por su inseparable Caqui la cual le dio cobijo y amor.
Pito dejo de ser el conejo audaz y valiente para convertirse en un conejo cobarde y temeroso .Habían pasado los años y ahora de nuevo tenía que enfrentarse a su peor pesadilla.
Existe un pedacito de cielo reservado por Dios a los animales .Pito rezó con todas sus fuerzas rogando a sus ancestros que le ayudarán a salvar la situación, unas bellas palabras de su padre le son enviadas.” Nunca es tarde para hacer lo que quieres.” Tenia que dejar de ser un cobarde.”
Hizo una señal a Caqui para que no emitiera sonido alguno, arropó con su gran pelaje a sus pequeños y a pesar de que el miedo le envolvía no movió ni un pelo de su bigote.
El hombre introdujo por la entrada del cubículo una vara de avellano a la espera que Pito y su familia salieran por el otro extremo, con el fin de atraparlos.
Pero Pito desafiando el miedo se mantuvo firme en su decisión Tenia que lograr hacer creer al hombre que la madriguera estaba vacía.
Al cabo de un buen rato, el sonido del hombre y la bestia lanuda se fueron alejando, eso hizo a Pito arriesgarse a salir. Había engañado a su peor enemigo.
Caqui movía el hocico en señal de agradecimiento por la valentía que había demostrado
La primavera llegó por fin a la colina donde se habían trasladado la hierba crecía suministrando alimento y cobijo a su familia .Los riachuelos llenaban sus bordes de berros tréboles y azules capuchinas .la campiña se lleno de madrigueras donde los conejos corrían en libertad, lejos de las granjas de los hombres.
Pito, vivió unos pocos y apacibles veranos y aprendió a conocer los cambios de la colina, en primavera invierno y otra vez primavera, vio crecer a cientos de conejos jóvenes y fuertes. Algunas veces cuando se contaban cuentos en los atardeceres junto a las hayas, se le nombraba como héroe de tiempos pasados. Por su valentía fue elegido el gran conejo jefe de las madrigueras. Se había convertido en un robusto animal, respetado y querido por la comunidad.


.
.




Soledad Bustamante Atienza

Pito en Muskiz

En un valle rodeado de montañas, se encuentra Muskiz, el pueblo donde va a transcurrir esta historia. Es primavera y el cambiante mes de Mayo ribetea de verdes tonos esta tierra
.Los cerezos toman el relevo a las mimosas y cambian tonos amarillos por blancos paisajes.
Florecillas silvestres pintan la hierba con el pincel de la belleza.
Los pájaros con sus trinos son trovadores en busca de pareja.
Los árboles despojados de su ropa en invierno estrenan traje nuevo.
Las aguas del río Barbadúm transcurren sosegadas, tranquilas, dando aposento en sus márgenes, a todo tipo de ánsares.
En este enclave, vive el conejo del cuento, llamado Pito, desde su madriguera enclavada en el monte Pico Ramos divisa las bellas puestas de sol, mientras saborea extasiado los brotes tiernos y husmea con su hocico los néctares del campo.
En un huerto de este valle, situado en la ladera del monte Mello, crece una robusta cebolla, junto a un plantío de hermanas rojas y blancas, todas se encuentran felices, protegidas por el manto de tierra que las sustenta.
Ella, es distinta, su sueño es salir del huerto, conocer ese horizonte infinito de estrellas.
Mantiene una encarnizada lucha por asomar la cabeza, pero a duras penas consigue liberar parte de su cuerpo, sus raíces están fuertemente ancladas a la tierra.
Quiere volar como los pájaros, y llegar hasta el mar.
Una preciosa noche de luna llena, conoce a Pito. .Este había salido a explorar, cuando los efluvios de los vegetales del huerto, le atrajeron hacia nuestra protagonista.
Mordisqueaba una zanahoria, cuando sus miradas se cruzaron. La cebolla temiendo por su vida, le increpó diciéndole que si no se iba, el amo del huerto le pegaría un buen palo, y luego lo cocinaría en pepitoria.


Este levantando sus enormes orejas y dando un gran salto se situó frente a ella en actitud amenazante.


La cebolla apenas sobresalía de la tierra y asustada como estaba, trataba de salvarse activando todo su picor.
----Acércate y huéleme, le susurraba con voz melosa a Pito.


Este, confiado se acercó peligrosamente y un fuerte escozor se adueño de el,
Pito se frotaba los ojillos con sus patas delanteras, lleno de dolor.
----Si me quieres comer, podemos llegar a un acuerdo, dice la cebolla, pesarosa del daño que le ha causado.
.
Pito estaba a punto de salir corriendo, cuando intrigado pregunta.
--- ¿Que quieres?
----Quiero que me lleves a ver el mar, confío que, con tus fuertes patas me podrás liberar de la tierra que me tiene atrapada, si así lo haces te prometo que seré sabrosa y dulce y que tus ojos lloraran de placer.-----
-----¿Porque quieres conocer el mar?
----- He oído, a los pájaros contar que al atardecer el sol ,sofoca todos sus ardores en él.
Pito que es un conejo muy sensato, reflexiona sobre la propuesta,
---- No es mi intención comerte, puedes estar segura, pero si te libero de la tierra dejarás de crecer, y te secaras.
---No me importa morir con tal de realizar mi sueño.
Pito, siente piedad de la cebolla, al verla tan triste.
--Esta bien, mañana cuando despunte el sol vendré a por ti


Y así lo hizo, apenas amanecía y el rocío adornaba de perlas de agua los rosales, llego Pito arrancó con sus patas la tierra que tenia presa a la cebolla y sujetándola con su boca, atravesó la pradera raudo y veloz llevándola a un enclave maravilloso desde donde se divisaba la playa de la Arena y los acantilados de Cobarón; antiguamente cargadero de los barcos ingleses los cuales recogían el mineral que se extraía de las entrañas de esta tierra. 
Con mucho cuidado, y lleno de ternura, Pito dejo a la cebolla sana y robusta, frente a la inmensidad del mar Cantábrico.


Las olas rompían embravecidas contra las rocas de los acantilados y una espuma blanca revoloteaba llenando el ambiente de sabor salado.
La cebolla se sentía feliz, por fin había soltado las amarras que la ataban a puerto, y se balanceaba blandiendo su cabellera, al son de la brisa.
Su amigo Pito, la acompaña en esta aventura. Poco a poco, la cebolla se fue desnudando desprendiéndose de las capas que protegían su corazón, dejando este a merced del viento.


Entonces sucedió: El sol bajó despacito, y jugó a esconderse tras la línea imaginaria del horizonte.
Las gaviotas aplaudían con sus robustas alas, serpentinas de luz estallaban llenando el cielo de colores rojos, amarillos, blancos y azules.
El mar, apagó lentamente la luz y abrazando al sol se fueron juntitos a dormir.


Lagrimones de alegría corrían por la carita de Pito, al ver que el sueño de su amiga se había convertido en realidad.
El fuerte viento de la cornisa Cantábrica, se llevó el corazón de la cebolla y lo depositó en las nubes, para ayudarlas a llorar.
Licencia Creative Commons
Este obra está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
Basada en una obra en elcerrodesole.blogspot.com.

domingo, 18 de diciembre de 2011

PITO CONOCE A CAQUI

Aun no había llegado la segunda primavera, cuando la campiña moteaba de blanco la verde pradera.
Inmensas llanuras herbáceas acogían las conejeras, de los lomos blancos, así llamados por las características de su pelaje. La sombra de la luna se alejaba hacia el norte, y los días alargaban su luz, sujetando al sol con los largos brazos de las ramas de las poderosas hayas.
Caqui , se peinaba su colita blanca como la nieve, y adornaba su lomo, con pequeños brotes de alfalfa, la esperaba un día lleno de sorpresas, los hoyitos de su nariz temblaban palpitantes ,y nerviosas sus orejas se levantaban azuzadas por el temor a lo desconocido.
Cuando Caqui, abrió la puerta de su cubículo, sus padres la miraron orgullosos. Su madre. Le colocó una ramas de enebro sobre la cabeza, y mojó su hocico, con las primeras gotas del roció
Había llegado el día del Ami-real- donde todos los conejos jóvenes eran presentados a la junta de los jefes reales.
El aire, aun conservaba el aroma de la nieve de la montaña, cuando Caqui, salió de la conejera de sus padres, para dirigirse a la fiesta del Ami-Real .La mañana era clara, las nubes volaban lejanas en busca de compañeras para jugar a las lluvias y a las tormentas. A veces lloraban tanto que la campiña se inundaba, y había que bajar a los sótanos de las conejeras, en previsión de que la tormenta amainase.
E l gran jefe Amapolo agradecía a la lluvia que sus praderas siempre estuvieran llenas de brotes de diente de león, henascos, semillas de leguminosas y hierba rala, y en épocas buenas también crecían tulipanes amarillos, tréboles violetas y unas baya rojizas, que los conejos adultos utilizaban para las celebraciones de las camadas, así llamada por coincidir con el nacimiento de los pequeños conejos.
La gran madriguera estaba situada en el cent ro de la campiña, guardaba la noche cuando el sol salía .Sus entradas se protegían con matorral alto y zarzas de enredadera, en su interior un laberinto de pasillos comunicaban a la gran sala central donde se liberaban los asuntos concernientes a toda la comunidad.
Un a gran mesa presidida, por el gran jefe Amapolo y sus sabios, conejos, daba la bienvenida a los presentes. Cientos de jóvenes conejos venidos de otros lugares peleaban por las hembras demostrando toscamente el poder de sus vigorosas patas, y sus afinados bigotes, los más osados hinchaban su lomo en señal de coraje y gallardía.
Caqui, observaba, a los aspirantes a galanes, mientras mordisqueaba el suculento banquete, con el que se les obsequiaba. Nabos, hojas tiernas de zanahoria, remolacha, escarola, e incluso con moderación se permitía acceder a las vallas del olvido.
Machos y hembras, se enzarzaban en la ceremonia de preparación para compartir una nueva vida alejada de los padres. A partir de hoy dijo El gran jefe Amapolo, tendréis que arriesgar vuestras vidas en busca de alimentos, la pradera, es vuestro hogar, pero no olvidéis, que el zorro, nos espía, y cuando la sombra negra cubra vuestro cuerpo, esconderos del águila, y solo cuando la luz sea clara y duradera podréis salir.
De entre todos los conejos Caqui se fijo en un conejo enclenque y tímido que se escondía en un rincón oscuro de la madriguera. A pesar de que estaba en los huesos, poseía un porte elegante y una mirada noble. Ninguna coneja se le había acercado y Caqui a pesar de que tenia una larga fila de brabucones pretendientes, se dirigió hacia el y le ofreció una baya roja.
El conejo, la miró con la tristeza del gran ausente, antes de aceptar la invitación se dirigió a ella y se presentó:
---Me llamo Pito y vengo huyendo de las tierras altas.
Los arboles murmuran que es peligroso adentrarse en esos territorios, y que somos perseguidos por un animal mas peligroso que el águila y el zorro, dijo Caqui.
----Así es contestó, Pito.
---Existe, y conozco su olor, lo llaman" hombre".
---Caqui, olisqueo a Pito, y  este agradecido accedió a comer la baya roja.
Un sentimiento nuevo se instalo en el corazón de Caqui y Pito, la brisa mecía la hierba alta, y los dos enamorados corrían por la pradera envueltos en la bruma de los elixires del amor.
Les esperaba un incierto futuro, pero juntos lograrían alcanzar, la felicidad.

martes, 29 de noviembre de 2011

ADEN 2º Premio Osmundo Bilbao





Ane, cubre su vientre con el manto de la sequía, mientras su vida zozobra contra un huracán de oropeles. Su mundo se levanta cada día, en busca del dorado, pero ella solo consigue ver a duras penas, pequeños y rutilantes reflejos de algo llamado felicidad.
Después de años de papeleos y angustias, por fin, ha recibido la notificación de que la adopción le ha sido concedida.
Se siente tierra acogedora de frutos lejanos, sangre renovada de amor solidario. Ansía tener entre sus brazos el fruto nacido de otro árbol, de otra semilla.
Seim cubre su vientre con el manto de la preocupación, mientras su vida zozobra contra un muro de injusticias Su mundo se levanta cada día, en busca de la supervivencia. Para ella, tierra y agua son los caminos que marcan la senda a seguir. Con trece primaveras fue vendida por su padre, dos cerdos y tres sacos de arroz, es el precio pagado por su esclavitud.
Trabajar en los arrozales y satisfacer a su amo, es su forma de subsistir. Mientras camina despacio, recuerda como fue violada su primera noche.
Acaricia su vientre al sentir la vida empujando sus entrañas, Los dolores se van acentuando, la aldea va quedando atrás, divisa un saliente arenoso del río semioculto por los juncos, se introduce en el, descuelga el cesto que lleva a la espalda y saca una esterilla unas tijeras y trozos de cuerda con los que atará el cordón umbilical. Una manta de diversos colores que ella misma ha confeccionado le servirá para proteger a la criatura.
Se coloca en cuclillas, y con cada contracción empuja con todas sus fuerzas. Los gemidos que salen de su garganta son mitigados por el clamor de las aguas.
Seim tiene a su hija en la más absoluta soledad, es una niña fuerte y sana, pero no el varón que quiere su amo.
La arropa con la manta de colores y la acerca a sus pechos, ofreciendo el maná de la libertad.
La sangre escapa de su cuerpo tiñendo de rojo la tierra, la brisa mueve el cañaveral dibujando sombras de flores pisoteadas.
Sabe que no puede regresar, o su hija morirá.
Ondea el río, como serpiente engañadora, susurra la corriente con lengua de espuma.
Murmuradoras de sueños, mujeres adoradoras del río, cuna nacarada donde quedaron dormidas las hijas que nadie quería.
Seim camina con su hija en los brazos, una fuerza interior la indica que sus ancestros las protegerán hasta llegar a un lugar conocido como” La misión”.
Sola, malparida,, camina entre las sombras con los pies descalzos. En el dispensario no pueden hacer nada para salvar su vida, ha perdido mucha sangre.
¡Madre, madre!, repite antes de morir.¡ Madre para mi hija!
Ane, siente una inmensa ternura al contemplar a la niña de ojos rasgados que duerme plácidamente en cuna de plata.
Por un instante, una punzada de dolor se instala en su pecho, piensa en las mujeres como Seim, y un sentimiento de solidaridad se adueña de ella.
EL agua y la sal se convierten en lágrimas y el arrullo musita esta nana.


Llora, si arrebatamos la tierra.
Llora, si contaminamos el aire.
Llora, si el mar ahoga injusticias.
Llora, si compramos tu cuerpo
Llora, hija mía, llora.




Dedicado a: Aden Salaad, tiene dos años y vive en un campo de refugiados de Kenia. Sus ojos miran al cielo, y su cuna es un balde de plástico roto.

martes, 22 de noviembre de 2011

SENSIBILIDAD

La durmieron entre nubes.
La alimentaron de miel.
La acariciaron con plumas.
La perfumaron con amor.
La columpiaron con el viento.
La dejaron ver el sol.
Sus manos se abrieron a la vida.
Su piel, terciopelo se volvió.

Sensibilidad se llama, anda buscando un color.
La pasión la dijo: rojo es mi color.
La esperanza es verde.
Blanca la pureza de corazón.
Negra la maldad.
Pregúntale al arco iris si algún color te quiere prestar.

Al cielo preguntó y vio las nubes llorar.
El sol reflejó las gotas y pintó con su pincel
Era tal la belleza del lienzo, que de ningún color le quiso despojar.
La tierra, el sol y el agua la ofrecieron un espejo
Donde poderse mirar. 
Y en crisol te convertiste, dulce sensibilidad.


Para Sensi, el amor por el amor.

domingo, 20 de noviembre de 2011

LAPUERTA CERRADA

LA PUERTA CERRADA


La cena estaba siendo un éxito, faltaban apenas unos minutos para comenzar el nuevo año, un agradable aroma a café llegaba hasta el comedor.
Se sentía satisfecha, había conseguido llevar a su familia a la vieja casona heredada de sus padres a celebrar las fiestas alejados de las prisas de la ciudad .Su hijo era el que mas impedimentos había puesto para trasladarse con su mujer y su hija..
El viento  penetraba por todos los rincones y pensó que no podían volver otro año si no se hacían unas reformas. En la cocina, el calor del fuego de leña, ganaba la batalla al frío de la noche.
Los platos y vasos se amontonaban dentro del pequeño fregadero, en la mesa restos del suculento menú se entremezclaban.
El cordero aposentaba toda su grasa y los pocos langostinos que habían quedado compartían su plato con dos lonchas de jamón y cuatro aceitunas.
Rocío se acercó  a la ventana , estaba comenzando a nevar, pequeños copos blanquean la hierba del jardín, los árboles movían  sus ramas golpeados por el viento del norte.
Envuelta en un chal grueso de lana abrió  la puerta y salió  al patio,; no se encontraba bien, le costaba respirar y su persistente dolor de cabeza se estaba volviendo insoportable.
Todo gira a su alrededor , trata de volver a pedir ayuda  pero no tiene tiempo de reaccionar y  cae desplomada sobre la nieve.

  Despierta con una sensación extraña , no recuerda muy bien lo ocurrido ni el tiempo que ha permanecido en el exterior de la vivienda;  Se dirige hacia la entrada de la cocina, observa que la puerta está cerrada, la golpea con los nudillos y espera. Toda su familia está en el comedor y parecen no oírla, atraviesa el patio , y se dirige   a la puerta principal, toca el timbre varias veces .
“Empieza a sentirse enfadada.”
----¿Pero es que nadie me echa de menos? Se pregunta.
Golpea la puerta con toda la fuerza de sus puños, baja los peldaños de la entrada y llega al  jardín, la nieve ha borrado el camino y tropieza varias veces cayendo de bruces; la rabia hace que se levante sin mirar si se ha lastimado.
La zona del comedor está situada a unos cuatro metros de altura, las cortinas están descubiertas y las luces interiores  hacen que vea a todos los suyos. Se encuentran celebrando el comienzo del nuevo año, su marido Antonio sostiene una copa de cava y parece brindar con al resto de comensales, al parecer nadie  se ha dado cuenta de su ausencia. 
Al fin su pequeño ángel, su nieta Luisa, se asoma al ventanal.” Se parece tanto a ella”.
Su nuera Laura no podía evitar el enojo que le suponía tal parecido, la relación entre ellas se podía catalogar de fría, no soportaba la idea que su querido hijo Tomas se hubiera ido alejando, en el fondo de su corazón sentía celos de su nuera pero era algo que jamás reconocería.
Luisa,  mira hacia el jardín con su preciosa carita pegada al cristal, Rocío desprendiéndose del chal y agitándolo al viento, la llama con todas sus fuerzas. Laura aparece también en la ventana, Rocío, siente que su nieta la ha visto.
Laura con la mirada fija en el jardín parece triste, Rocío la observa detenidamente.
El rostro perfectamente maquillado, el pelo rubio, realmente era una belleza, a pesar de que su corazón fuese de hielo. Recordó el día que su hijo la trajo a casa, parecía cariñosa y algo tímida, pero enseguida enseñó sus garras, manipulaba a su hijo a su antojo, por lo único que la aguantaba era por haberla dado esa nieta tan bonita.
Por un instante, las dos mujeres unen sus miradas , pero solo es un espejismo. Laura se aleja del ventanal y corre las cortinas dejando a Rocío en el más absoluto abandono. Desesperada se agacha y remueve la nieve, arranca trozos de tierra y de hierba del jardín y los lanza furiosa.
De pronto recuerda a sus vecinos, un matrimonio mayor que también han venido al pueblo ha pasar las fiestas, los conoce desde hace años, cuando sus padres compraron el caserón indiano venido a menos.
 Las vacaciones de verano eran uno de sus mejores recuerdos, el río donde se bañaban su hermano Alfonso y ella , donde atrapaban cangrejos que su madre preparaba con tomate, los cestos de manzanas, el rico olor a pan de pueblo, a trigo recién segado, los juegos con su querido hermano un año menor.
  Recordó a su madre que no pudo soportar la perdida de su hermano, muerto en accidente de coche, con solo veinte años. Su padre ferroviario su mejor aliado, hombre recto y  tremendamente cariñoso Los recuerdos, se agolpaban frente a ella, era como si su vida pasara en un instante. Estaba dejando de nevar, la luna asomaba iluminado la carretera, no sentía frío, a pesar de no llevar puesto sobre sus hombros el chal de lana. Caminó unos doscientos metros y se introdujo en el sendero que conducía a la casa de sus vecinos, cuando llegó comprobó que la vivienda estaba deshabitada.
Desesperada y confundida, no acertaba a entender lo que la estaba sucediendo.
Dio vuelta sobre sus pasos, y corrió asustada todo lo rápida que podía, camino campo a través en dirección a su casa, abrió la verja de madera que conducía al jardín y vio su chal medio tapado en la nieve y se percato que debajo de el había alguien. Frenó sus pasos y muy lentamente se fue acercando sujetó el chal con una mano y tiro de el.
Su cuerpo inerte se encontraba tendido en la hierba, era ella, estaba muerta, quería gritar pero de su garganta no salía sonido alguno.
Tenia que ser un sueño, estaba segura,” no podía haber muerto” ¿Cómo había sido? Se preguntaba incrédula. ¿Y si era cierto y no era una pesadilla? ¿Quién era? ¿Un fantasma?
Levanto la vista hacia la casa , vio que la puerta de entrada estaba abierta, sin apenas darse cuenta subió las escaleras, entró en el recibidor. Se oían voces en el comedor, era su marido y hablaba de ella, atravesó el pasillo y se detuvo en la puerta, allí estaban toda su familia su hijo, su nuera, y su pequeño ángel. Su marido Antonio, de pie con la copa la recordaba.
----No te olvidamos querida Rocío, te llevamos en nuestros corazones, hoy hace exactamente un año que nos dejaste.
Por fin comprendía, había tenido que volver para recordar su muerte.
--- Salí de la cocina por mi fuerte dolor de cabeza, baje al jardín, levante la vista para saludaros, y en ese momento la vida se me fue, ahora lo entiendo todo.
No me podíais ver, ni oír, y también la causa de que mis pisadas no dejaran huella, sobre la fina capa de  nieve. Me he  visto muerta en el jardín tal y como quede, hoy hace un año, envuelta en el chal de lana, cubierta de nieve.
Volviendo a revivir el momento de su muerte tenia la oportunidad de poder despedirse. Quería que notasen su presencia, se acerco a su hijo Tomas y lo acarició con una inmensa ternura.
Pidió perdón a su nuera por no haberla dejado acercarse a ella, por culparla de todo.
Beso a su marido Antonio con la misma pasión que ponía cuando eran jóvenes.
¡Que fácil había sido su vida junto a el! ¡Cuánto la había querido y protegido! Y dirigiéndose a su nieta  la susurró.
--- Desde ahora yo te cuidaré.
.Una mezcla de miedo y pena se apodero de ella al pensar que ya no los vería mas, que todo había terminado ,nunca había pensado en su propia muerte, la había visto de cerca cuando fallecieron su hermano y sus padres, pero la de ella no la aviso, ni siquiera se dio cuenta que moría.
Su familia estaba empezando a desaparecer igual que cuando se borra una hoja escrita con una goma,
Sentía autentico terror por lo que la ocurriría y al mismo tiempo, una inmensa pena por la despedida.
Cerró los ojos y recordó una frase de su padre.
---Nadie muere del todo si lo seguimos queriendo, si lo recordamos.
Era verdad, allí estaban las personas que siempre había querido y que jamás había olvidado su hermano, sus padres, sonriéndola, dándola de la mano y llevándosela con ellos

viernes, 18 de noviembre de 2011

Camino andado por la senda de la vida.
Sangre y barro en los pies
Alforjas deshilachadas

Abraza mi mano amigo
Terminemos este tramo
Allí, al fondo, está el agua la miel
Nuestros mejores años.


Para Carmen y Carlos

Compañeros siempre

martes, 15 de noviembre de 2011

LA MANZANA FINALISTA CONCURSO DE NARRATIVA JOSE MARÍA PORTEL

Verano de 1963

RECORDAR, APARTAR LA HOJARASCA
VOLTEAR EL ALMA EN BUSCA DE PEQUEÑOS DESTELLOS
DE ALGO LLAMADO FELICIDAD.


Como cada mes de julio, mi hermano Raúl de catorce años y yo, María de ocho, tomábamos el autobús Madrid-Bilbao, para visitar a los abuelos y comenzar las largas vacaciones de verano en un pueblecito de la costa cantábrica. Disfrutaba poco de aquellos viajes, pues permanecía dormida casi todo el recorrido.
Mi hermano, en aquellos años era el responsable de cuidarme, dado que mis padres permanecían en Madrid por trabajo hasta agosto.
.
Mi abuela se llamaba Emilia y mi abuelo Ramón, mi abuela era alta y de anchas caderas, de carácter fuerte imponía su matriarcado al resto de la familia. Zapatilla en mano como si de un estandarte se tratara, resolvía los conflictos infantiles con la sola amenaza de descalzarse y aunque el castigo consistía en quitar el polvo de nuestras posaderas lo cierto era que resultaba ejemplar. De creencias fuertemente religiosas aprovechaba nuestra estancia con ella, para ponernos al día sobre cuestiones de fe, estaba convencida que en ese aspecto nuestros padres nos tenían bastante descuidados.


Me llevaba consigo a los diferentes oficios que se celebraban en la parroquia, la misa y el rosario eran para ella parte de su vida. Comentaba que en la capital no se vivían las cosas de igual manera y que mis padres eran ovejas descarriadas. En aquellos años no entendía su significado, pero si mi abuela lo decía, nadie lo ponía en duda.


El abuelo Ramón hombre tranquilo y cariñoso, de mirada color avellana, manos agrietadas y boina cubriéndole la cabeza, pasaba las horas trabajando la madera, había sido carpintero y nos hacía todo tipo de juguetes a nosotros y a nuestros primos: carretillas, casitas de muñecas y pequeños taburetes con el nombre tallado en ellos.


Recuerdo a una niña de ojos grandes y cara pecosa, con dos largas trenzas, la cual se convirtió en mi amiga inseparable. Se llamaba Rosa, juntas íbamos en busca de tesoros escondidos, soñábamos con las hadas de los cuentos y nos escondíamos de los ogros que vivían en el bosque. Como si de una película de piratas se tratara asaltábamos los huertos de los vecinos, peras, manzanas cerezas, uvas, eran el botín conquistado.


Los días transcurrían entre juegos y sueños, todo cuanto nos rodeaba se convertía por arte de magia, en puro disfrute, en un instrumento creativo para la imaginación.


.
EN BLANCO Y NEGRO RECUERDO MI INFANCIA
CAMINANDO POR EL ARCO IRIS
UNA LLUVIA DE COLORES DESPERTO MIS SENTIDOS
ROJOS AZULES Y VERDES PINTARON MI ALMA.
La noche de los miércoles proyectaban cine en el frontón al aire libre, películas y teatrillos se ofrecían para los jóvenes y niños que durante la época estival disfrutaban de las vacaciones.


“Marcelino pan y vino” rezaban los carteles, acomodé el banquito que el abuelo Ramón había gravado con mis iniciales y junto a mi amiga Rosa, nos dispusimos a ver la película mientras mi hermano y sus amigos llenaban el pelo de palomitas a las niñas mayores y jugaban azorados a levantarlas las faldas y robarlas algún beso.


Cuando comenzó la película me olvidé de todo cuanto me rodeaba, sumergiéndome en las hazañas de aquel niño de cara angelical, que hablaba con un Cristo muy parecido al que yo había visto en la iglesia del pueblo.


La talla que colgaba en la parte posterior del templo y a la cual mi abuela rezaba y besaba los pies, era muy parecida a la de la película, o al menos esa era la impresión que me causaba a la edad de ocho años.


Durante varios días, no conseguí olvidar al niño que llevaba pan a aquel hombre crucificado y empecé a preguntarme que tal vez, yo podía ser como Marcelino y hacerme amiga del Cristo de la iglesia del pueblo.


Desde la imaginación tramé un plan y decidí contárselo a mi amiga Rosa, que a pesar de tener mi misma edad, pronto comprendí que ejercía cierto poder de persuasión sobre ella.


Fui fraguando una idea y la hice partícipe de mis intenciones. Ella asustada se negó en rotundo, tenía miedo a que el párroco nos pillase y al castigo correspondiente, pero finalmente accedió a acompañarme.


La decisión estaba tomada, yo me encargaría de coger la mejor de las manzanas del frutero, Rosa había conseguido dos galletas del tarro bueno, las que estaban destinadas sólo y exclusivamente para las visitas. Escogimos el día en el que mi abuela y parte de los vecinos se encontraban segando la hierba, los fardos se almacenaban para alimentar al ganado en invierno, el pueblo estaba más solitario que de costumbre. Nos dirigimos silenciosas y nerviosas hasta el pórtico de la iglesia, empujamos con fuerza la puerta de entrada, tal vez porque nuestros ojos estaban acostumbrados a la claridad, las dos sentimos un escalofrío al enfrentarnos a la oscuridad de aquel recinto. Rosa en un acto reflejo y vencida por el temor, me entregó las dos galletas y salió corriendo.


La puerta se cerró bruscamente tras de mi, el corazón me latía fuertemente, los ventanales acristalados con figuras de colores dejaban pasar resplandores nacarados violetas áureos, comencé a andar lentamente hasta encontrarme con aquella preciosa talla de Jesucristo.


Me arrodillé frente a él en un reclinatorio de terciopelo granate y contemplé con mi mirada de niña, el sufrimiento y la pena que había en aquellos inmensos ojos de color miel, lágrimas de sangre corrían por sus mejillas, y en su pecho una profunda herida destilaba un líquido acuoso y rojizo.


A pesar del temor que sentía le ofrecí los presentes con el ánimo de que su mirada dejase de reflejar tanta tristeza. Despacito y sobrecogida, deposité la manzana y las dos galletas en el suelo. Puse las manos como me decía mi abuela que se colocaban para rezar, juntando las palmas y los dedos de las manos y acercándolas a la boca y la nariz.


Durante un buen rato me mantuve expectante y temerosa, en el fondo tenía miedo que soltase sus clavos y bajase a por mi, recordaba que en la película, Marcelino se iba con él y que los frailes lloraban su pérdida.


Comencé a hablarle, le expliqué las razones que me habían llevado a visitarlo, que quería ser su amiga. Le prometí que durante mi estancia en el pueblo iría a visitarlo todos los días y le rogué que no me llevara con él, yo tenía familia y si no aparecía mis padres y mis abuelos se iban aponer muy tristes y mi hermano se iba a enfadar.


Durante el resto de las vacaciones visité a aquel Cristo, de ojos tristes convirtiendo mis pensamientos en charlas con un amigo.


El verano tocaba a su fin, como cada año con la despedida, íbamos dejando en el camino pedacitos de inocencia, la cual se quedaba prendida en las hojas del calendario.




LA LUZ EN LA TARDE SE APAGA
SE DESHACE COMO EL AZUCARILLO EN EL AGUA
DULCEMENTE SE PIERDE EL RECUERDO DE SU COBIJO.


Han pasado los años y todo ha cambiado, la iglesia fue remodelada en los años setenta, el retablo fue sustituido por una gran cruz que preside el altar mayor, carteles alusivos al amor y a la solidaridad han sustituido a las tallas de los diferentes santos y vírgenes a los que mi abuela era tan devota. El Cristo de mis recuerdos, no cuelga ya de sus paredes. No sé que habrá sido de él, sólo espero que no se encuentre en algún almacén lleno de polvo.


El poso de los recuerdos, me devuelve a la nostalgia de la infancia, donde todo era una seductora magia, llena de amor.


La manzana, en este caso no era la del paraíso, pero aun me pregunto si conservo algo de aquella ternura y la creencia de que aquel Cristo aun recuerda a la niña que quiso ser su amiga.



BUSCO LA INOCENCIA EN EL MURMULLO DEL VIENTO
EN LA NOCHE ESTRELLADA
EN EL RIO QUE SERPEA

domingo, 6 de noviembre de 2011

Dulce niña.

Ojos de mar profundo,aguas bravas.
Destellos de nacar, en la mirada.
Cresta de ola,espuma de marejada.
Arrecife cristalino, tempestad y calma.
Oteando el horizonte
descubriendo nuevas moradas.
Durmiendo entre nubes, con la luna de almohada.
Pisando arenas firmes.






A mi hija.

POETA

Quedó esperando    unas  mañanas que jamás regresarían. Se perdió tras  un  velo de  recuerdos dejando  que la angustia  se quedase...