jueves, 15 de noviembre de 2012

DEL LIBRO UN PASEO POR MI VIDA. SARA ATIENZA

HE AMADO

He amado el fuego, el calor, la leña.
La belleza de un atardecer,
los bosques cubiertos por la niebla.


He amado el cielo azul,
la noche negra.
La nieve que corona las montañas.
He amado el rio que serpea.

Amé las huellas que dejaron
otras gentes en las piedras.
Amé aquel trozo de papel, mi gato,
la fuente, la hiedra.


Pero más que a todo lo que amé
te amé a tí, sin que tú lo supieras.

lunes, 22 de octubre de 2012

LA BASCULA



Esto es una mierda, y escupió toda su rabia contra el suelo de la cocina. De su boca salió un gruñido, sus labios se curvaron  mientras la mandíbula se contraía dándole un aspecto iracundo.
La sangre  colérica, enrojeció su rostro, las  pupilas se dilataron y sus manos se cerraron  cayendo sobre el plato con verdura, el cual, salió volando y fue a estrellarse contra la ventana, donde el gato asustado dio un salto y salió corriendo como alma que lleva el diablo.. Su corazón latía desbocado al   ritmo acompasado de la mermelada de calabaza, que  en una de las cazuelas  palpitaba como un volcán a punto de desbordar su lava ardiente  al ritmo de chup, chup.
Le perseguía un fuerte olor a chocolate agrio y arándanos, cuando salió de la cocina
No quiso volver la vista atrás, la decisión estaba tomada. Se encaminó hacía el  armario donde se guardaban las herramientas de bricolaje, de uno de sus cajones sacó el martillo en forma de mazo y sujetándolo fuertemente se encamino hacia la habitación.
Subió despacio las escaleras, sigilosamente  sin despertar a sus hijos que dormían la siesta en la habitación contigua a la suya.
Abrió la puerta de su dormitorio, el sonido de la ducha, le indicó que su víctima no estaba sola. Lentamente y saboreando el instante, empujo despacio la puerta del aseo. Allí estaba su torturadora, su cruel carcelera, por fin lo había visto claro, terminaría con la causante de tal agonía
Levantó el martillo y miró el profundo ojo escrutador y desafiante,  de lo más profundo de su ser surgió una dentellada de placer, morboso y sensual al descargar toda su furia contra ella.
El crujido del primer impacto, dio paso a un sin fin de golpes certeros, que acabó por esparcir los restos por todo el cuarto de baño.
El sudor mojaba su pecho,  la espuma salía de su boca como la de un perro rabioso, levantó la vista y vio a sus hijos que corrían despavoridos escaleras abajo.
BÁSCULA DE BAÑO NEREADejo el arma en el suelo, y  miró  a su mujer que envuelta en la toalla de baño, la cual, presa de un ataque de nervios le gritaba desaforada, que era la última bascula de peso que compraba.

sábado, 20 de octubre de 2012

1º PREMIO LOCAL MUSKIZ OSMUNDO BILBAO


LAS ARENAS DEL SAHARA

 

1ºEl ascensor
La avaricia había explotado y su radio de acción se extendía dejando un escenario de desolación a su paso. Juan, era  una de las numerosas victimas del  monstruo silencioso  que extendía sus tentáculos devorando entre sus fauces el esfuerzo de muchos años de luchas y sacrificios. Había perdido su trabajo y tenía  la absoluta certeza  que, encontrar un nuevo empleo era una labor imposible.
 Se encontraba en la frontera imaginaria de la exclusión social. Las pateras hacía tiempo que no necesitaban del mar para dejar a sus ahogados en la arena de la playa.  
Presentía que el futuro   no sería ni justo, ni honrado, solo deudor del sudor de muchas gentes. Las noticias tanto políticas como económicas, narraban una expectativa de silencio y  miedo,  frente al hambre y la injusticia. 

El ascensor se paró en la quinta planta, Juan ensimismado en sus problemas, no contestó, cuando una mujer de profundos ojos negros y tez morena  le saludó dándole los buenos días.  No le gustaba que los pisos de su edificio se arrendasen a gentes venidas de otros países, y menos aún estaba dispuesto a tener que compartir con ellos las migajas de un pan que había dejado de ser, trabajado y fecundo y se había transformado en vendido y amargo como la hiel.
 “Malditos emigrantes” murmuró  entre dientes.
 ,
2ºLa casa
María  guardaba   los paquetes de  arroz, pasta, galletas, con los que alimentaría  a su  familia hasta que su  situación económica mejorase.
 Trabajaba por horas de asistenta, su salario apenas llegaba para poder pagar una parte de la hipoteca.
Tomar la decisión  de pedir ayuda no había sido nada fácil, pero la certeza de su angustiosa  situación la venció.
 Las lágrimas corrían por su rostro al ser consciente de que la falta de recursos, ahuyentaba de su lado a personas que hasta entonces consideraba como amigos. El  banco apremiaba con cartas de desahucio reclamando sin piedad la pieza de carne y sangre con la que  alimentar a las hienas.
  
Había vendido y empeñado todos los objetos de valor  que poseía.   Ahora,  su autentica riqueza se encontraba en el armario   de la cocina, con alimentos de emergencia social.
El sonido de las llaves en la puerta le hizo ponerse en alerta, su marido aún no era conocedor  de que el plato de arroz que le esperaba en la mesa, llevaba el sello de la beneficencia.
 Juan  apenas hablaba, y si lo hacía era para maldecir su suerte, bebía demasiado y la desesperanza escondía su frustración en cada pensamiento. El coágulo de  la preocupación se hizo dueño de la salud de Juan, corriendo desbocado   por el riego sanguíneo, hasta detener su curso mortal en el cerebro.  En la boca, el arroz se volvió pastoso y amargo.
María miró a su marido y vio en sus ojos el miedo, el silencio, la nada. Fue entonces cuando sus gritos volaron por toda la casa, pidiendo ayuda,  se pegaron a las paredes y abrieron  puertas y ventanas, en un último intento por salvarle la vida.  
El diagnostico de Juan era  de  infarto cerebral, las primeras horas fueron angustiosas. Juan aguantó y los días  fueron pasando.
 Ningún vecino acudió en su ayuda, solo Samira.


 3ºLa emigrante
 Samira, cubría su cabeza con el Melfa (vestido típico saharaui) en sus manos se apreciaban dibujos geométricos de un color rojo oscuro realizados con henna.  Tenía un hijo llamado Jamif, sufría una enfermedad en la visión y necesitaba ser operado. Gracias a la ayuda de  familiares y amigos se había trasladado a España con el fin de conseguir que su hijo no se quedara ciego.
Coincidía en el ascensor con María y Juan, día a día trataba de que sus saludos fuesen correspondidos con un pequeño gesto de afecto o aceptación.
 Solo cuando el dolor y la enfermedad  clavaron sus lanzas  en el hogar de Juan, Samira se convirtió en la mano amiga de María y su voz, en el hilo de seda con el que bordó la delicada y frágil membrana protectora del cerebro de Juan.
 Todos los días   acompañaba a  María al hospital, y la habitación de Juan se llenaba de bellas historias  que hablaban de recuerdos y sueños de la tierra de Samira.
Cuentos y leyendas  donde los animales tomaban cualidades humanas. El viento del Siroco transformaba las palabras en música y el pájaro del desierto (Bubisher) atrapaba con su  pico la esperanza perdida.
(Sbaa) el león rugía con la fuerza de la tormenta y los fantasmas del miedo eran ahuyentados.   (Shertat) el oso  glotón y torpe intentaba corregir sus malos modos y los errores cometidos, jugando  al juego de devorar  la maldad. (Edif) el astuto chacal engañaba a la muerte, cuando esta se acercaba peligrosamente a Juan.
 Y cuando  la noche llegaba, el cielo  cubría  con  un manto de estrellas la ruta de la injusticia, las dunas extendían sus alas llenado de brisa bresca la habitación.

 Durante el tiempo que la mente de Juan permaneció ausente, las arenas del Sahara tapizaron los recuerdos  de  esperanza, llenando con ella las soledades del olvido.
.Un espejismo de agua, un oasis en el desierto, sueños que la mente de Juan podía analizar al despertar del coma.
Samira la  mujer del ascensor le sonreía. De sus ojos de arena brotaban dos perlas de agua, y de sus manos con dibujos de henna nacían   mariposas que volaban libres

domingo, 10 de junio de 2012

La viuda


Veo junto a su reloj unos números grabados en su piel, tomo con delicadeza su mano mientras memorizo la cifra escrita, uno, cinco, tres cuatro. Abro el bolso de cocodrilo y extraigo la agenda, anoto en ella la numeración, me empolvo la nariz  me  pinto los labios de rojo pasión.
Coloco sobre mis hombros el abrigo de zorro, pulso el timbre de la enfermera, salgo de la habitación, cojo el móvil, hago una llamada, dando la terrible noticia a los hijos de mi esposo. Salgo del hospital,  y me dirijo al  banco. 

El transplante


Por fin quietas las manecillas del reloj, eran las tres y veinte minutos, cuando para Raúl  se detuvo el tiempo.
Se encontraba desnudo, en medio de la calle, un individuo de aspecto lamentable se le acerco y le ofreció  su harapienta gabardina
----- Déjame ayudarte, dijo el hombre de aspecto mortecino
------No quiero nada de usted, contestó Raúl, aturdido por la situación.
------La noche es muy fría en este lugar, si no te abrigas morirás,  es lo único que puedo ofrecerte.
Raúl, vio como aquel hombre en un acto de total generosidad, le entregaba la prenda de abrigo.
Las manecillas del reloj del quirófano 5”( unidades de transplantes de corazón) comenzaron  a andar de nuevo.

Malos tratos


Por lo que más quieras lávate bien esas manos antes de acostarte, María bajó la cabeza y como hacia siempre obedeció la orden dada.
En el lavabo se froto con el jabón de lavanda, una y otra vez, mientras el espejo dibujaba la silueta del miedo.
 Sonrió levemente y sujetando el jabón con sus dos manos, lo lanzo contra la puerta del aseo.
Sus pies corrieron presurosos en busca de una salida, pero resbaló con el líquido acuoso que impregnaba la alfombra del dormitorio, tiñendo de rojo la silueta de su esposo.

Residencia de ancianos


Al diablo, iros todos al infierno dijo el abuelo.
Quiero verla, grito una vez mas, mientras lanzaba contra la ventana la zapatilla, con tal mala suerte que le pego al gato que dormía plácidamente en la repisa de la ventana.
----Abuelo, tranquilo, la abuela no tardará.
No se donde están mis cosas, la tengo dicho que no las cambie de sitio.
---Ponte el abrigo, abuelo.
---¿Donde vamos?
A una casa muy bonita, donde no tendrás que preocuparte de nada,
-----¿Y me estará esperando la abuela?

LA DIETA


Igual que lo hacen las ballenas, o incluso mejor que ellas, seria capaz de acumular tal cantidad de grasa, que mi destino seria, varar en la playa de la obesidad.
Deseo a la tortilla española, la de patata, la que pinta su rostro con dos pimientos rojos. Beso a su compañera la fina y delicada francesa que adorna su lomo con una fina loncha de jamón serrano,  Acaricio el seno turgente de la ensaladilla rusa, mientras  mis labios susurran besa-mel , besa-mel.  La hoja de lechuga me mira con ojos libidinosos y  me lleva a su habitación. Maldita dieta susurro .

viernes, 8 de junio de 2012

Premio Narrativa Jose Maria Portel escrito por Sara Atienza


HOY HACE CINCO AÑOS


      Sentada en mi mecedora, veo caer la nieve a trabes de la ventana de la salita. La calle se va cubriendo de un  blanco manto, mirlos, gorriones tordos...invaden mi jardín, tratando de encontrar comida entre la nieve.
         Junto a mí, está la butaca vacía donde él se sentaba, la miro fijamente, me parece verle allí, con su bata de cuadros, sus zapatillas, la mirada perdida; aquella mirada que te clavaba interrogante, sin saber muy bien lo que le estaba pasando. Sin darme apenas cuenta de lo que hago, comienzo a hablarle.
      ¡Que jóvenes nos casamos! Le digo. Con cuanta ilusión empezamos a caminar juntos, hacer planes para el futuro, estábamos convencidos que nadie se quería como nosotros; ¡aquella época fue maravillosa¡
    Al de un tiempo vinieron los hijos, ¡cinco! Una niña y cuatro niños ¡Cómo te cambia la vida! O quizás no sean ellos exactamente, si no que cuando eres joven te agobian las responsabilidades. Nuestro gran amor se nos fue deteriorando. Yo te echaba en cara que pasabas mucho tiempo fuera de casa, tu me decías que se me había olvidado ser mujer, que solamente era madre.
     ¿Qué nos pasó? Quizás todos los problemas los hubiéramos podido solucionar hablando, pero no lo hicimos y los silencios y la indiferencia nublaron nuestra existencia.
     Fueron unos años de incomprensión, donde mi vida se reducía a dos cosas, la casa y los hijos, la tuya, amigos hasta altas horas, quizás amigas... nunca lo supe.   En aquellas noches de soledad, donde el oído escrutaba todos los sonidos, esperando oír el ruido de las llaves en la puerta, llegué  a creer que nuestro amor se había terminado,  una mezcla de decepción y  pena me embargaba , un sabor a lágrimas, me acompañaba hasta la madrugada.
      Sin embargo, el fuego que sentimos tiempo atrás, no se había apagado del todo,  quedaban rescoldos, y  un día sin saber como, nos miramos a los ojos y hablamos. ¡Habíamos madurado! Y aquellas cenizas volvieron a calentar nuestros corazones.
       Los hijos se hicieron mayores y nos fueron dejando, nos quedamos solos, aquella pasión de los años jóvenes se trasformó en un amor tranquilo.
     ¿Te acuerdas cuando te jubilaste? Lo celebramos por todo lo alto; ese día comimos de “restaurante” y por la tarde fuimos al teatro, vimos a Celia Gamez  en la revista “Estudiantina portuguesa” Nunca se me ha olvidado.¡Fue un día feliz! Regresamos a casa cogidos de la mano, nos sentamos en el mismo sitio en el que estamos hoy, tu me dijiste, ahora que los hijos se han ido, vamos a disfrutar todo lo que por una causa o por otra no hemos podido.
        ¡Que tontos fuimos! ¡Cuánto tiempo perdido cariño! El orgullo nos jugó una mala pasada y dándonos un beso, nos pedimos perdón por todo lo que  habíamos  hecho mal.
       No pudimos gozar mucho tiempo de aquel oasis en el que vivíamos.
En la vida cuando crees que todo va perfecto, aparece Dios, el destino o quien sea y lo pone todo patas arriba.
.   Empezaste a tener olvidos, al principio eran pequeñas cosas que a ti te preocupaban, en cambio a mí me parecían normales, pero poco a poco iban siendo cada vez mayores. Cuando venían los hijos a veces no podías acordarte como se llamaban y tu cara reflejaba todo la tristeza que eso te causaba.
    Fuimos a que te viera un médico y después de varías pruebas te diagnosticaron alzeimer. fue un golpe terrible y nuestra vida ya no fue la misma.
       Había momentos que no sabías quién era yo y cuando me acercaba a ti te ponías violento. Otras veces te dabas cuenta de lo que te estaba pasando y en esos minutos de lucidez apurabas, hasta el ultimo instante, tu vuelta a la vida, entonces me cogías fuerte de las manos, la tristeza nublaba tus ojos, una lágrima corría por tu cara, hasta que de nuevo retornaba la espesa niebla y volvías a ser un niño desamparado.
        Fueron unos años de infierno, ¡cuanto sufrimos! Al ver como te ibas deteriorando día a día, hasta que te fuiste para siempre.
 Me quedé sola añorando los días felices y procurando olvidar los malos.
       Hoy como ves, las arrugas surcan mi cara y mi pelo tiene el color de la nieve que cubre la calle, una vez oí que, los días, los años, son letras de cambio que vencen a plazos inevitables, las tuyas Raúl vencieron hace cinco años, yo, estoy esperando a que venzan las mías. La butaca sé que está vacía  pero  quiero pensar que él está conmigo. Ahora me voy, le digo mandándole un beso, otro día volveremos a sentarnos frente a frente, para seguir recordando. Te quiero.
LUNA

domingo, 25 de marzo de 2012

PUESTA DE SOL

Cielo, Sol, Agua, Luz, Oscuridad.
Se encuentran al atardecer, y giran y giran como la noria, estallan como fuego de artificio, creando destellos de luces y sombras.
Un caballito de mar, ardiente, iridiscente, luminoso, sombreado, cabalga en retirada a lomos de una línea imaginaría. Serpentinas de colores, grises, blancas, azules, amarillas, rojas, tiñen el horizonte.

La luz enamorada de su reflejo en el agua, baila una danza sensual,  se despoja de su vestido entregándose a su amado mar, y refrescando su ardor con besos de agua.
Este, apasionado la cubre con su manto azul verdoso.
Y todo se detiene, la noria descansa 

POETA

Quedó esperando    unas  mañanas que jamás regresarían. Se perdió tras  un  velo de  recuerdos dejando  que la angustia  se quedase...