lunes, 22 de octubre de 2012

LA BASCULA



Esto es una mierda, y escupió toda su rabia contra el suelo de la cocina. De su boca salió un gruñido, sus labios se curvaron  mientras la mandíbula se contraía dándole un aspecto iracundo.
La sangre  colérica, enrojeció su rostro, las  pupilas se dilataron y sus manos se cerraron  cayendo sobre el plato con verdura, el cual, salió volando y fue a estrellarse contra la ventana, donde el gato asustado dio un salto y salió corriendo como alma que lleva el diablo.. Su corazón latía desbocado al   ritmo acompasado de la mermelada de calabaza, que  en una de las cazuelas  palpitaba como un volcán a punto de desbordar su lava ardiente  al ritmo de chup, chup.
Le perseguía un fuerte olor a chocolate agrio y arándanos, cuando salió de la cocina
No quiso volver la vista atrás, la decisión estaba tomada. Se encaminó hacía el  armario donde se guardaban las herramientas de bricolaje, de uno de sus cajones sacó el martillo en forma de mazo y sujetándolo fuertemente se encamino hacia la habitación.
Subió despacio las escaleras, sigilosamente  sin despertar a sus hijos que dormían la siesta en la habitación contigua a la suya.
Abrió la puerta de su dormitorio, el sonido de la ducha, le indicó que su víctima no estaba sola. Lentamente y saboreando el instante, empujo despacio la puerta del aseo. Allí estaba su torturadora, su cruel carcelera, por fin lo había visto claro, terminaría con la causante de tal agonía
Levantó el martillo y miró el profundo ojo escrutador y desafiante,  de lo más profundo de su ser surgió una dentellada de placer, morboso y sensual al descargar toda su furia contra ella.
El crujido del primer impacto, dio paso a un sin fin de golpes certeros, que acabó por esparcir los restos por todo el cuarto de baño.
El sudor mojaba su pecho,  la espuma salía de su boca como la de un perro rabioso, levantó la vista y vio a sus hijos que corrían despavoridos escaleras abajo.
BÁSCULA DE BAÑO NEREADejo el arma en el suelo, y  miró  a su mujer que envuelta en la toalla de baño, la cual, presa de un ataque de nervios le gritaba desaforada, que era la última bascula de peso que compraba.

sábado, 20 de octubre de 2012

1º PREMIO LOCAL MUSKIZ OSMUNDO BILBAO


LAS ARENAS DEL SAHARA

 

1ºEl ascensor
La avaricia había explotado y su radio de acción se extendía dejando un escenario de desolación a su paso. Juan, era  una de las numerosas victimas del  monstruo silencioso  que extendía sus tentáculos devorando entre sus fauces el esfuerzo de muchos años de luchas y sacrificios. Había perdido su trabajo y tenía  la absoluta certeza  que, encontrar un nuevo empleo era una labor imposible.
 Se encontraba en la frontera imaginaria de la exclusión social. Las pateras hacía tiempo que no necesitaban del mar para dejar a sus ahogados en la arena de la playa.  
Presentía que el futuro   no sería ni justo, ni honrado, solo deudor del sudor de muchas gentes. Las noticias tanto políticas como económicas, narraban una expectativa de silencio y  miedo,  frente al hambre y la injusticia. 

El ascensor se paró en la quinta planta, Juan ensimismado en sus problemas, no contestó, cuando una mujer de profundos ojos negros y tez morena  le saludó dándole los buenos días.  No le gustaba que los pisos de su edificio se arrendasen a gentes venidas de otros países, y menos aún estaba dispuesto a tener que compartir con ellos las migajas de un pan que había dejado de ser, trabajado y fecundo y se había transformado en vendido y amargo como la hiel.
 “Malditos emigrantes” murmuró  entre dientes.
 ,
2ºLa casa
María  guardaba   los paquetes de  arroz, pasta, galletas, con los que alimentaría  a su  familia hasta que su  situación económica mejorase.
 Trabajaba por horas de asistenta, su salario apenas llegaba para poder pagar una parte de la hipoteca.
Tomar la decisión  de pedir ayuda no había sido nada fácil, pero la certeza de su angustiosa  situación la venció.
 Las lágrimas corrían por su rostro al ser consciente de que la falta de recursos, ahuyentaba de su lado a personas que hasta entonces consideraba como amigos. El  banco apremiaba con cartas de desahucio reclamando sin piedad la pieza de carne y sangre con la que  alimentar a las hienas.
  
Había vendido y empeñado todos los objetos de valor  que poseía.   Ahora,  su autentica riqueza se encontraba en el armario   de la cocina, con alimentos de emergencia social.
El sonido de las llaves en la puerta le hizo ponerse en alerta, su marido aún no era conocedor  de que el plato de arroz que le esperaba en la mesa, llevaba el sello de la beneficencia.
 Juan  apenas hablaba, y si lo hacía era para maldecir su suerte, bebía demasiado y la desesperanza escondía su frustración en cada pensamiento. El coágulo de  la preocupación se hizo dueño de la salud de Juan, corriendo desbocado   por el riego sanguíneo, hasta detener su curso mortal en el cerebro.  En la boca, el arroz se volvió pastoso y amargo.
María miró a su marido y vio en sus ojos el miedo, el silencio, la nada. Fue entonces cuando sus gritos volaron por toda la casa, pidiendo ayuda,  se pegaron a las paredes y abrieron  puertas y ventanas, en un último intento por salvarle la vida.  
El diagnostico de Juan era  de  infarto cerebral, las primeras horas fueron angustiosas. Juan aguantó y los días  fueron pasando.
 Ningún vecino acudió en su ayuda, solo Samira.


 3ºLa emigrante
 Samira, cubría su cabeza con el Melfa (vestido típico saharaui) en sus manos se apreciaban dibujos geométricos de un color rojo oscuro realizados con henna.  Tenía un hijo llamado Jamif, sufría una enfermedad en la visión y necesitaba ser operado. Gracias a la ayuda de  familiares y amigos se había trasladado a España con el fin de conseguir que su hijo no se quedara ciego.
Coincidía en el ascensor con María y Juan, día a día trataba de que sus saludos fuesen correspondidos con un pequeño gesto de afecto o aceptación.
 Solo cuando el dolor y la enfermedad  clavaron sus lanzas  en el hogar de Juan, Samira se convirtió en la mano amiga de María y su voz, en el hilo de seda con el que bordó la delicada y frágil membrana protectora del cerebro de Juan.
 Todos los días   acompañaba a  María al hospital, y la habitación de Juan se llenaba de bellas historias  que hablaban de recuerdos y sueños de la tierra de Samira.
Cuentos y leyendas  donde los animales tomaban cualidades humanas. El viento del Siroco transformaba las palabras en música y el pájaro del desierto (Bubisher) atrapaba con su  pico la esperanza perdida.
(Sbaa) el león rugía con la fuerza de la tormenta y los fantasmas del miedo eran ahuyentados.   (Shertat) el oso  glotón y torpe intentaba corregir sus malos modos y los errores cometidos, jugando  al juego de devorar  la maldad. (Edif) el astuto chacal engañaba a la muerte, cuando esta se acercaba peligrosamente a Juan.
 Y cuando  la noche llegaba, el cielo  cubría  con  un manto de estrellas la ruta de la injusticia, las dunas extendían sus alas llenado de brisa bresca la habitación.

 Durante el tiempo que la mente de Juan permaneció ausente, las arenas del Sahara tapizaron los recuerdos  de  esperanza, llenando con ella las soledades del olvido.
.Un espejismo de agua, un oasis en el desierto, sueños que la mente de Juan podía analizar al despertar del coma.
Samira la  mujer del ascensor le sonreía. De sus ojos de arena brotaban dos perlas de agua, y de sus manos con dibujos de henna nacían   mariposas que volaban libres

POETA

Quedó esperando    unas  mañanas que jamás regresarían. Se perdió tras  un  velo de  recuerdos dejando  que la angustia  se quedase...