domingo, 2 de febrero de 2014

CARTAS







Desde la galaxia de mi propio egoísmo escribo esta carta, con la luna iluminando senderos, por donde transita el abandono y el sufrimiento:
Mi relato, es una huida hacia donde caminan los peregrinos sin santo y los vagabundos sin techo,  un lugar, donde la   vida y la  muerte no nos pertenecen.
Comienzo a   buscar en la  inexplorada nebulosa de mi existencia,  por donde desfilan imágenes y situaciones protegidas por alambradas de espanto, realidades que me hicieron perder la inocencia y el pasaporte.  Comprendí muy a mi pesar,  que  los viajes a la luna, sólo los realizan quienes pasan las pruebas correspondientes, que el universo está lleno de estrellas y también de agujeros negros, donde se ocultan silencios cómplices.
Me enfrentó a un paisaje  con montañas inalcanzables y ríos que  llevan  sangre derramada de  inocentes. En este tortuoso trayecto, el camino principal se ramifica en diversas bifurcaciones. Caravanas  por donde transitan, ojos y manos como las mías, tratando  de eludir  lugares equivocados o  situaciones,  en las cuales, la vida no dispone  de billete.
Descalzo mis pies y camino junto a ellos, hasta comprender que las piedras hacen profundas grietas en la piel y que el hambre es un hijo de las entrañas.
Te diré que  me siento  cansado,  quisiera  parar, detener esta marcha, porque es tan despiadada la realidad y tan cruel su abandono. Y me cuento a mi mismo un cuento para no llorar, para tratar de olvidar, o quizá, para seguir caminando.
Un  día más,  cuando la oscuridad envuelve en papel de periódico las noticias, duermo en la estación de las conciencias empapadas en somníferos, tal vez, porque es la única forma de ahuyentar a mis lobos de la noche.

Y al llegar la mañana, esos  ojos, esas  manos, compañeras de viaje, cogen de nuevo las mochilas cargadas con el  germen de la esperanza y juntos  esperamos pacientes el turno de salida.
En los rostros se dibuja la angustia, ante la expectativa de un destino incierto. Surgen innumerables preguntas. ¿En qué suerte se  sortea la vida? ¿Dónde quedó el derecho a tener derecho? Demasiados interrogantes para un día soleado, contestan  por megafonía.
Entonces, mis ojos se unen a otros ojos, y mis manos, a otras manos,  los ojos se vuelven miradas y las manos se abren en busca de protección, mientras las lágrimas de nuestros  hijos y de los hijos de sus hijos mojan la tierra hasta anegarla y arrastrar el lodo de la injusticia, abriendo caminos a la solidaridad.
Guardo en silencio mis pertenencias y calzo de nuevo los zapatos para no hacerme daño, mi espalda deja atrás el sendero y avanzo hacía una nueva ruta, donde la  gravidez es tan fuerte, que me arrastra hacia constelaciones de sueños comprados, que me elevan  y me dejan caer  en un espacio de materia sin luz, que  me alejan   sutilmente y por un instante de la realidad del caminante, del cansancio de sus cuerpos y de la desesperación de sus almas.

Dejo esta carta escrita en el espacio de un folio, sin direcciones ni sellos.








Te escribo esta carta,  sobre el  blanco desierto de este último folio, las palabras que por él se deslizan son abreviaturas de recuerdos, tenues colores que me acompañan en una  realidad donde escondo el color azul de tus ojos.
 Ardimos  en la llama de la pasión  sin pedir permiso al aire que nos sustentaba y a la tierra que se estremecía envidiosa de aquel amor.
 Despertamos una mañana de un sueño, del que solo quedaban cenizas en nuestros cuerpos y en todo cuanto nos rodeaba. Me decías que no podía ser, que nuestra historía solo la escribias tú y que la música que nos acompañaba había dejado de sonar, mientras su letra tomaba el tren de las tres. El mismo tren que no se detuvo a esperar a este viajero que no puede morir, ni vivir, disimulando un  desconsuelo que solo lo amortigua  un brindis de ron.
 Desde ese día , camino en busca de cementerios donde enterrar la sombra de  este recuerdo, regresando una y otra vez al dolor, para luego salir huyendo hacia un amanecer sin luz y un anochecer sin noche.
.Me siento ausente, porque tú lejanía es como el abandono  que cierra las puertas y no se asoma jamás a la ventana.
Sé que mi sufrimiento no se puede medir ni pesar en la balanza del desamor, pero mi inclinación en ella está cada vez más cerca de la desolación.
 Siento que me desangro y mi sangre es un rio por donde te deslizas alejándote de la orilla buscando la mar embravecida, que nos destroza a los dos y devuelve los restos de nuestro naufragio a una playa donde quedamos inertes. 
Nunca supe  decirte que te quería y sin embargo,  sigo buscando en el espacio infinito de la memoria tu cálida voz, que aún resuena en mis atardeceres.
 Mis palabras no dichas, manan ahora cual torrente, por entre mis labios, por mis manos y todo yo soy una única palabra que grita tu nombre.
.No me resigno  a esta orfandad, quiero recobrar aquellos  astros que en perfecta armonía con el universo se alinearon para que nuestro amor fuese una constelación cuya luz hizo, que nos encontrásemos  en un camino sin retorno.
 Quiero romper esos candados que me hicieron perderte y recordar los  días en los que tu cuerpo envolvía el mío,  donde tu presencia lo llenaba todo  y bailábamos sin saber ni entender de nada, solo de nuestros besos que se plegaban al deseo renovado cabalgando  a lomos del viento.
Y cuando  el rocío  mojaba nuestros rostros  dejábamos que sus perlas de agua  modularan con su tintineo  los vaivenes del arrebol.
Solo te pido el instante de un minuto, para que las palabras abandonen esta carta y se adhieran a tu corazón, a tu mente, y se conviertan en un nuevo deseo, en  una historia interminable.
Se despide, mi alma  dibujada  en tinta y papel.





 
Adiós mi amor:



Cuando llegue a tus manos esta carta, seré la nada, la esencia que se evapora hacia lo inexistente, hacia la terrible odisea de lo desconocido.
Perdona, si escribo frases inconexas o faltas de lógica, las fuerzas me abandonan, suspiro con cada palabra, mientras dibujo tu nombre en cada renglón de este cuaderno.
Las letras se emborronan,  se  aferran a las sabanas de la cama del hospital y  mis dedos recorren su áspero tejido. Los  médicos  me hablan, se disculpan, incapaces de conseguir que mis ojos no se cierren.
Pensarás, que no tengo remedio, que sigo siendo la misma que llega tarde a todos los sitios e incluso a comunicarte mi propia partida.
¿Que nombre se le puede dar, a la falta de vida? Decídelo  tú, yo, no puedo.
Se terminó mi tiempo  y nuestra historia, construida en el aire, en la luz en la pasión.
Comprendí que el día oscurece al llegar la noche y que la pasión languidece en un cuarto olvidada.
Solo me quedaba el aire y el  también se ha desvanecido.
T e diré que cuando la medicación hace efecto, la habitación se ilumina, las paredes dibujan tu nombre en filigranas, y entonces emergen los recuerdos, con la fuerza de la eterna primavera.
Y vuelve tu mirada a mis ojos, tiemblan mis pupilas, mientras  las lágrimas bailan la danza de la tristeza.  Y recuerdo, apenas olvido, la senda  del rio donde las mimosas pintaban amarillos y verdes.Donde nuestros cuerpos se estremecían con el suave roce de nuestras manos.
Vuelve la noche, y me lleva con ella a su guarida, donde el miedo y la soledad, gritan agónicos quejidos de dolor y rabia,  la sombra del sueño me reclama en una ensoñación que aleja los tibios instantes del recuerdo.
Y olvido, apenas recuerdo y te llamo, una vez y otra, y dilato el cruel despertar de esta agonía.
Y se quiebra el árbol  y las mimosas lloran, el paisaje  se desdibuja y vago desnuda a encontrarme de nuevo con la tierra.
Quisimos ser uno, y fundirnos con las estrellas, pero eso amor, “es poesía.”
No  quiero que dudes, ni que preguntes que me ha ocurrido, nada importa ya, mi luz se ha  apagado.
Estaré, sin ser, Seré sin estar,  te amaré sin tiempo, sin espacio.

Búscame en las lagrimas del rocio
En la flor de la mimosa
En el rio de la vida.

Encuéntrame donde duermen los sueños.  





                                           Querido padre: 


Me he sentado a la sombra de la vieja higuera a escribirte esta carta.
Con hondo pesar y a sabiendas que la brisa aventó tus cenizas y que tu imagen solo subsiste en mi recuerdo.
Necesito contarte la sinrazón de esta razón la ilógica de esta lógica y que me ayudes a despedirme de nuestro huerto.
Quiero derramar mis lágrimas sobre la tierra que tú me enseñaste a querer.
Necesito aspirar el aroma de los rosales de enredadera, que cual soldados, mantienen una encarnizada lucha contra los zarzales exhibiendo sus rosas en señal de triunfo
Despedirme del viejo cerezo, que con el afán de sobrevivir, intenta ocultar la decrepitud de sus ramas, engalanándose de flores blanca y acogiendo en su vientre hueco el nido de los estorninos.
Contemplar como las ovejas rumian los incipientes y frescos tallos de hierba, mientras el carnero vigila el escenario.
Morder, el fruto del paraíso, manzano orgulloso que sin recato me invita a pecar.
Tocar con mis manos la tierra rotulada y estercolada, la cual espera impaciente las semillas que le proporcionarán nueva cosecha.
Gozar de la belleza de las primulas y belladonas, que se adormecen en las zonas sombrías esperando que otro invierno las haga florecer.
Decirle al sol, que se de prisa en enrojecer a las tímidas fresas silvestres.
Al viento, rogarle que columpie a malvices y verderones en las ramas de los avellanos.
Y al fiel limonero, aliviarle del peso de su agrio fruto.
Padre, solo así, después de esta despedida, seré capaz de enfrentarme a la pena de ver morir a nuestro huerto.
Hablare con él, como lo hago contigo, personificando la tierra y así ser capaz de contarle la verdad
Horadarán sus entrañas con maquinas excavadoras.
Sembraran de cemento y hormigón su alma.
Ya no necesitará la brisa ni la lluvia.
El territorio del carnero será conquistado.
Las aves, no harán sus nidos, emigrando a otras tierras más capaces.
Las flores silvestres, no nos deleitaran con el elixir de sus fragancias.
Los árboles, serán de hierro y los pájaros se columpiaran en cables de acero.
La brisa ya no traerá aromas a menta y laurel.
Si padre, eso es lo que ocurrirá, quiero que sepas que al igual que al huerto, con tus cuidados y con tu amor sembraste mi alma, llenándola de nuevos brotes que no conseguirán arrancar. Araste mi corazón con tu ejemplo, y algún día padre volveremos los dos a descansar bajo la higuera, como lo hacíamos otras primaveras.


Se despide, tu hija tu semilla .





POETA

Quedó esperando    unas  mañanas que jamás regresarían. Se perdió tras  un  velo de  recuerdos dejando  que la angustia  se quedase...