viernes, 11 de septiembre de 2015

El VIAJE. (Premio local Osmundo Bilbao. 2013)



El VIAJE


Desde la galaxia de mi propio egoísmo escribo esta carta, con la luna iluminando los senderos por donde transita el abandono y el sufrimiento:
 Mi relato es una huida hacia donde caminan los peregrinos sin santo y los vagabundos sin techo, donde la vida y la muerte no nos pertenecen.
 Hace mucho tiempo que perdí la inocencia y el pasaporte.  Comprendí  que  los viajes a la luna solo los realizan quienes pasan las pruebas correspondientes, que el universo está lleno de estrellas y también de agujeros negros donde esconder   silencios cómplices.
Comienzo a   buscar en la  inexplorada nebulosa de mi existencia y dejo los pies fuera de los zapatos y el hambre en un cuenco de hojalata, sin darme cuenta que las piedras abren  profundas grietas en la piel y que el hambre es un hijo de las entrañas.
 En este trayecto el camino principal se ramifica en diversas bifurcaciones. Caravanas  por donde transitan ojos y manos como las mías, tratando  de eludir  lugares equivocados o  situaciones,  en las cuales, la vida no dispone  de billete. 
"Qué viaje tan arduo" donde el paisaje tiene formas de hambre y los ríos llevan la sangre derramada de los inocentes, es tan difícil continuar sin desfallecer.
 Te diré que estoy cansado, vacío de contenido,  quisiera  parar, detener mi marcha, pero a veces la corriente es tan fuerte que me arrastra hacia la playa donde las olas me elevan y me dejan caer  en un arrecife cristalino de sueños bordados con corales, los cuales,  me alejan  sutilmente y por un instante de la realidad del caminante, del cansancio de sus cuerpos y de la desesperación de sus almas. 
 Y una noche más  cuando la oscuridad envuelve en papel de periódico las noticias, duermo en la estación de las conciencias empapadas en somníferos, tal vez, porque es la única forma de ahuyentar a mis lobos de la noche. 
 Al llegar la mañana y despertar un nuevo día, esos   ojos, esas  manos, compañeras de viaje, cargan  de nuevo las mochilas  con el  germen de la esperanza  y esperan pacientes el turno de sus destinos.
 Y los miro con mis ojos y los toco con mis manos y me cuento a mi mismo un cuento.   Un cuento  para no  llorar,  o  quizá para olvidar, o tal vez, para seguir caminando, porque es tan cruda la realidad y tan cruel su abandono.
Y me pregunto a mi mismo---- ¿En qué suerte se  sortea la vida?---
 ¿Dónde quedó el derecho a tener derecho?
Demasiados interrogantes para un día soleado, contestan     por megafonía.
 Guardo en silencio mis pertenencias y calzo de nuevo los zapatos para no hacerme daño, mi espalda deja atrás el sendero y trato de olvidar  avanzando  por un camino sin riesgos.. 
  Entonces los ojos de los abandonados  se vuelven miradas y sus  manos se abren como las rosas, mientras las lágrimas de sus   hijos y de los hijos de sus hijos mojan la tierra hasta anegarla y arrastrar el lodo de la injusticia.


  Dejo estas palabras en el espacio de un folio, sin direcciones, ni sellos

POETA

Quedó esperando    unas  mañanas que jamás regresarían. Se perdió tras  un  velo de  recuerdos dejando  que la angustia  se quedase...