lunes, 4 de enero de 2016

AYER Y HOY . PRIMER PREMIO DE CUENTO ENCARTADO ANTONIO DE TRUEBA




 Eran  tristes y oscuros   días los que acontecieron al término de la guerra civil, realidades de  dolor hambre y abatimiento.
El sol se ocultaba  tras  nubes de  discordia y el   pueblo entero   lloraba a sus muertos y desaparecidos,. hombres y mujeres   alimentaban  sus  estómagos  con hojas de col y remolacha,   en la taberna se bebía  vino amargo.
 La tierra fecundada se abría y enseñaba  sus tripas, el hierro forjaba riqueza  a fuerza de cincelar sus entrañas.
  Mujeres solas,  cubiertas por el manto negro de un luto persistente, amamantaban con su sangre a los hijos del infortunio. Intentaban  sobrevivir convertidas en jornaleras en los campos, lavanderas de mineral, mendigas con cartillas de racionamiento.

Agua corrompida, levadura fermento de codicia, sal negra.
Pan maldito.
1ºparte (Somorrostro).

 La escalera de piedra que  conducía a la primera planta de la vieja y destartalada  casa; era el último esfuerzo que tenía que hacer Jesúsa  para descansar sus piernas hinchadas y doloridas, después de un duro día de trabajo.  
Agarrada a la barandilla oxidada por  donde trepaban los  geranios de enredadera, secaba su sudor y  lágrimas en un deshilachado delantal.

 Tres escalones son mi agonía.
 En el  recibidor un decrépito perchero aguantaba a duras penas el peso de un gabán, el paragüero recogía las goteras del tejado en los días de lluvia y unos zuecos llenos de barro, recordaban que había que trabajar el huerto.
 La cuadra se encontraba situada en los bajos de la casa,  media docena de gallinas y una vaca ayudaban a salvar la maltrecha economía familiar.
 En la cocina del hogar, el fuego de leña calentaba  un puchero donde se guisaba amor con lentejas y agua; La leche recién hervida empezaba a solidificar su nata, con ella haría mantequilla  que cambiaría por harina en el molino de castaños.
 Un viejo armario blanco hacía de alacena donde se guardaban  platos y tazas de loza, una mesa y cuatro sillas constituían todo el mobiliario, las ventanas carcomidas por la polilla dejaban pasar el aire frío de la noche.
El desaliento  se había instalado en  sus vidas. Su compañero José, vencido por la guerra intentaba olvidar sus ideales cuando el vino amargo  como la hiel penetraba en su  sangre,  enturbiando la cordura y el razonamiento.

José sentía  dolor y  vergüenza al negarse la beneficencia a concederle  una ayuda para sus hijos.
“No ayudamos a los que se gastan las perras en la taberna”.
Negra está la noche, ávida la tristeza
.
La mujer encargada de repartir alimentos entre los necesitados, era una de las mal llamadas  salva-patrias. Dada la situación política los afines al régimen franquista eran los encargados de juzgar y amedrentar a las familias del bando republicano.
En el pueblo a Jesúsa la apodaban  (Tripera, la que limpia tripas)  ni su nombre de pila había conseguido mantener en su encarnizada lucha por sobrevivir
Olvido, apenas recuerdo como fue la primavera.

El matadero municipal se encontraba situado a unos cien metros de su casa, allí trabajaba limpiando las vísceras de los animales que se sacrificaban. En su construcción el arquitecto confundió los planos con los de una capilla, dando lugar a numerosos equívocos. Una cabeza de toro en la cúspide del edificio intentaba paliar el error.
La jornada había sido laboriosa. Un vaso de leche caliente y la medicina dada por el  médico del pueblo, la ayudaban a combatir una  enfermedad que lentamente  carcomía  sus huesos.
 Se levantó despacio y se acercó a la ventana de la cocina, la tarde languidecía    cuando  abrió su corazón a la noche y la dejó pasar. 
Mujeres que enfrentaron, que supieron, que lucharon,  que perdieron. 


2ºparte.( Muskiz )

Nací en una tierra dónde crecían las uvas
  y se dormían los pájaros
dónde  vieja la fuente era y la paciencia
 esperaba en un banco.
Dónde se merendaba a las cinco, pan y chocolate 
 los caminos no se perdían
 ni querían irse a ninguna parte.
Nací en una tierra de montes,   lluvias,
  y otoños de vientos suaves.


Han transcurrido muchos años desde la muerte de mi abuela  Jesúsa, vivencias y situaciones se han ido  trasformando con  el paso del tiempo. Su recuerdo ha quedado  impreso en el corazón de sus descendientes.
La vida ahora es más cómoda, pero no por ello menos complicada, hombres y mujeres seguimos persiguiendo sueños, levantándonos cada mañana en busca de  la supervivencia.

 Entregareis vuestras almas y aún no bastara.
Justicia clamo, con gritos silenciados.

 Necesitaba  volver, regresar a mis raíces, a la tierra amada de donde emergen los recuerdos. 
   La belleza del valle encartado  me sale a recibir, intento captar con todos los sentidos,  olores y colores de mi infancia. La niña que fui me recibe con el saludo de la nostalgia. Los árboles de la plaza me saludan y mueven  sus plateadas hojas en señal de bienvenida testigos silenciosos que aún   recuerdan la  niña que los abrazaba cuando  apenas levantaba un palmo del suelo. Ahora su tronco es robusto y firme, el mío  apenas me mantiene erguida. Las evocaciones me atenazan  perseguidas y golpeadas por la realidad de mi enfermedad.

Caminos con barro, no notan la tierra mis pies descalzos.


El pueblo de mis abuelos Somorrostro, hoy Muskiz,  ha dejado atrás una forma de vida minera y actualmente  acoge en su seno,  una gran  industria petroquímica  de la margen izquierda. El  progreso enseña un bienestar arrancado a mordiscos sobre el verde paisaje.
  Altas chimeneas, que  intentan en vano llegar al cielo. Dragones esputando fuego, cables de acero, donde confundidos los pájaros se columpian. El aire en permanente lucha contra la  química  intenta  no ser vencido por esta.
  La casa donde vivieron mis abuelos,  ha sido reconstruida, los geranios de enredadera exhiben orgullosos sus flores. El matadero municipal donde trabajó mi abuela se ha convertido en restaurante y cafetería.
 Su forma de capilla es algo que se mantiene intacto y también su cabeza de toro en lo alto. Decido no marcharme sin ver en lo que se ha convertido por dentro el edificio en cuestión, observo con detenimiento todas las instalaciones. En la entrada principal se encuentra el bar, cómodo y espacioso, en la parte superior están los comedores.
Me dirijo a la barra y pido un café, mientras lo saboreo, algo se me revuelve por dentro, me empiezo a sentir angustiada.
  Pienso, que tal vez, sean las emociones, o que estoy cansada del viaje. Intento disimular el temblor de mis manos, la certeza de mi enfermedad cada vez está más presente.
De pronto, algo dentro de mí se rompe. Yo, estoy allí, en el mismo lugar donde mi abuela dejó la vida trabajando. Un profundo sentimiento me envuelve, es algo extraño lo que me está ocurriendo. Tengo la sensación que  está junto  a mí, haciéndome sentir  el hedor a sangre y porquería de los animales, el ambiente frío y húmedo  que penetraba en  sus huesos, el dolor de sus articulaciones, la dureza de su vida y la prontitud de su muerte con sólo cuarenta y ocho años. Es, como si sus ojos azules envolvieran por un momento los míos.
Me he dado de bruces con su ayer, su pasado  y  mi presente  batidos   en la misma  coctelera.
Luchar  por sobrevivir  ayer y hoy...
 Hambre y pan, pan y hambre.

 En mi mente un sinfín de pensamientos tratan de salir. .
 Siento que me ahogo que me falta el aíre, me incorporo y una nausea me revuelve el estomago.  
 Salgo a la calle, camino unos pasos y miro con detenimiento el edificio, tal vez, por su forma de capilla o porque lo necesito, a modo de oración  musitan mis labiosGracias abuela
 Continúa el camino, encontrarás el agua, la miel.

La musiquilla del teléfono móvil no deja de sonar, mi familia quiere que regrese, llevo una semana paseando por mis recuerdos en busca de la fuerza suficiente para continuar. Por primera vez en mucho tiempo vuelvo   a sonreír. 

POETA

Quedó esperando    unas  mañanas que jamás regresarían. Se perdió tras  un  velo de  recuerdos dejando  que la angustia  se quedase...