viernes, 25 de marzo de 2016

LA ESTACIÓN



A pesar que la  espera de noticias se  hubiese prolongado durante  veinte largos  años, el teléfono sonó como las sirenas de las fábricas, las alarmas químicas o las campanas de las iglesias,  a su debido tiempo.

Mis pensamientos en el instante de recibir su llamada  se encontraban  diseminados y perdidos por la galaxia ,  dada la cantidad de días y  noches transcurridos desde aquella tarde de febrero, cuando un Alberto lloroso y compungido me comunicó la difícil y transcendental decisión de abandonarme.

El sonido de su voz denotaba que tomar la decisión de llamarme le había supuesto un autentico esfuerzo. Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, el corazón aceleró su latido y las mejillas enrojecieron como las amapolas entre el trigo.

---¿-Hola María-- soy   Alberto, me recuerdas?----

---- ¡-Alberto conteste!-- no sin una cierta pizca de incredulidad y recelo.

Por un instante tuve la tentación de colgar el auricular,  pero necesitaba una disculpa acertada, una explicación coherente.

Hablamos durante un buen rato, como dos personas a las que el tiempo había hecho olvidar todo aquello que les unió. Disculpas, palabras atropelladas y huecas que dejaban entrever que a pesar de los años transcurridos aún permanecían rescoldos de aquel  amor inconcluso.

Quise preguntarle como había olvidado sus promesas de escribirme, de llamarme, pero permanecí en silencio esperando. Comenzamos a ser de nuevo los mismos, como si el tiempo no hubiera transcurrido y aceptamos amor como animal de compañía, Como si esa pasión que dejamos  abandonada  no tuviera memoria y nos  hubiese perdonado sin tratar  de castigarnos de la peor manera posible.

Llegamos tan lejos en la escenificación verbal del olvido y los perdones que osamos volver a quedar, en el mismo lugar donde años atrás iniciábamos un viaje hacia ninguna parte. “Cafetería  las tres esquinas.”

¿Cómo nos reconoceríamos después tanto tiempo?-- Será el amor con su poder quien se encargue. —Contestaste preso de una ilusión desmedida.  Quedamos en llevar una rosa roja en la mano, por si la pasión desmedida que nos envolvía no fuese   del todo suficiente.

Dicen que la venganza se sirve en plato frío. Había llegado el momento, por fin se iban a cumplían los augurios;  Me dirigí al jardín y desenterré un pequeño cofre donde se encontraba escrito un conjuro de amor.

Siempre había  sido  muy aficionada a todo lo relacionado con las ciencias ocultas y la brujería, siendo perfecta conocedora de   hierbas, ungüentos y  pócimas.

Usé  mis nociones en la materia  para exorcizarle y confieso que cometí el gravísimo  pecado de invocar a los demonios del desamor   implorándoles  que me ayudasen a cumplir el sortilegio.
  

Sonreí maliciosamente al recordar el maleficio:

Pelo de barba, cuerno de cabra

estrella del amor te invoco esta tarde

devuelve aquí sus deseos

haz que no se cumplan sus devaneos.

En el universo de las  magas todo tiene un precio y no me estoy refiriendo a los treinta euros que cobro a mis clientes por echarles las cartas del tarot, me refiero  a la cláusula  que tuve que firmar  para  conseguir que el lado oscuro me ayudase.

Para ser exacta, la tarifa consistía  en  ir engordando un kilo por cada año de espera.  Es óbice que los demonios del aquelarre  fueron  los verdaderos culpables de que mi preciosa anatomía se viera envuelta durante el tiempo que duró la larga  espera,  en una sustancial y reblandecida  capa magra.

Como anécdota contaré que uno de los diablos  con los que trabé cierta amistad me confesó qué el infierno estaba sumido en una terrible crisis energética; razón  por la cual, habían empezado a almacenar todo tipo de sustancias, tanto humanas como divinas, con el fin  de transfórmalas  en carburante para sus  hogueras.

Veinte años-- veinte kilos de más-- hora cero. Si el conjuro salía bien, devolvería los intereses grasos a los demonios , quedando  resarcida de tan pesada  deuda.

---- Los vestidos se amontonaban  encima de la cama. Poner, quitar, desordenar el fondo de armario, para terminar como siempre con el vestido  negro de escote en pico.

Ajusté debajo de su hechura, una faja de cuerpo entero que me oprimía hasta dejarme sin respiración. Calcé  zapatos de tacón de aguja y me miré en el espejo; perfecta, atractiva y voluptuosa.

Llegué con una hora de adelanto a la cita, y con  la rosa dentro del bolso,   pretendía pasar lo mas  desapercibida posible.  Me atenazaban las dudas y por un instante estuve a punto de salir huyendo.


Apareció de pronto como surgen las sombras  de entre la niebla. La cristalera de la cafetería dibujo el perfil  envejecido de un  Alberto apenas reconocible; El paso del tiempo no había sido generoso con él
 había perdido parte y mitad de su atractivo pero yo también había cambiado.

Tuve la certeza de que si lo hubiera visto en la calle, entre la gente no lo hubiera reconocido. Caminaba  despacio apoyándose en un bastón y  prendida  de la solapa de su chaqueta  la   rosa roja.
 Torpemente se dirigió hacia la barra donde pidió una copa de  ginebra, la bebió en un solo trago   y alargó la mano hacia el camarero indicándole que le pusiera otra.

Me quedé estupefacta y  con un cierto   temor  a no ser reconocida por Alberto, el cual,  con la mirada felina de un  gato tristemente apaleado por la vida,   observaba a todas las mujeres que nos encontrábamos en la cafetería .

Deseché  mi miedo cuando le vi acercarse hacia el lugar donde me encontraba, en mi rostro se dibujo una sonrisa permanente .Por fin  íbamos a estar el uno junto  al otro.
 Tenía  que darle una segunda oportunidad, necesitaba entender cuales habían sido las causas reales de su  cruel  abandono.


Me levanté  para saludarlo y al hacerlo el bolso resbaló del respaldo de la silla cayendo al suelo; Me agache a recogerlo con tal mala suerte, que la costura del vestido por la parte de las nalgas se abrió dejando al aire buena  parte de mis robustas posaderas.

No fue ese incidente el que hizo que tambalease mi dignidad, ni las risas de la gente al ver mi culo al descubierto  salir trotando del bar; lo peor fue la pregunta que mi supuesto enamorado  educadamente me hizo.

¿Señora por favor, me podría indicar la hora?

Antes de desaparecer avergonzada  volví la cabeza, sus ojos de besugo buscaban   a la joven  que había abandonado veinte años atrás.  El maleficio había hecho efecto, para él,  mi rostro y mi cuerpo habían permanecido intactos en su recuerdo.

De vuelta a casa cogí el cofre de latón donde guardaba el conjuro, Me dirigí  a la estación y lo  abandoné  junto a mi pena en uno de los compartimientos del tren de media noche.

Me quede sola  en el andén recordando  a aquellos jóvenes que un día se amaron apasionadamente y me retracté del encantamiento al ver como se alejaba el  tren, llevándose nuestro amor de juventud  de aquella
 
 estación sin retorno.

 

P.D. ” He comenzado a adelgazar”.

viernes, 18 de marzo de 2016

POEMARIO DIA A DIA .




1


   1
 Algún día  teñiré mi pelo
 con los  colores del arco iris,
  caminaré sobre las aguas
 y volaré con los pájaros  
 si, algún día
 me volveré cuerda. 


2
Tengo que agradecer a la cebolla, 

 que  las lagrimas derramadas por  su culpa 

 sean las únicas, que no  me han lastimado .



3


Madres

 Cantan   nanas
 bañadas en dulzura.
 besan  la  piel rosada
     amamantan  deseos
 ilustran  sonrisas
 curan  heridas
 detienen  llantos.  
abrigan  inviernos
 sombrean   veranos

 Arrancan las hojas del

  calendario una a una
 Y  se  las entregan al viento
 Para ayudarles  a volar .  



3

Como    duele esta espalda  cargada   de sueños  

con cuadros de nostalgia.
  colgados en el pasillo.
Como  duele  esta espalda  cargada de  nanas y cuentos
  con  amaneceres de vida
    risas y llantos.

Como duele esta espalda cargada   de ausencias
 con camas sin dueños

en  dormitorios vacíos .


como duele esta espalda cargada  de  cosecha  

sin oficio ni pensión .


3


Si alguna vez me  subastan quiero que en el catalogo  quede reflejado,

 el primer  juego de sabanas,
 los pájaros en el balcón, 
   tus manos y mis sueños.

.

Si alguna vez me subastan quiero  que  en  el catalogo no quede reflejado,
     los espejos del tiempo,
  la grasa en la cocina   ,
  las cartas de los bancos
y mi tristeza.  



Si alguna vez me subastan  quiero que en el catalogo quede reflejado 

el  amor  y    la manta de cuadros,
  con la que abrigué  tantos   inviernos.

 Si  alguna vez me subastan   quiero quedarme
 con  la  ilusión y los sueños .



3



He dejado el paraguas olvidado  en alguna tienda
la ropa en el cesto y las camas sin hacer.
El pan se ha quedado duro y el café frio
todo está manga por hombro.
Habrá que esperar  el  sortilegio
que  consiga sacar de su embrujo
la ecuación exacta  de la perfección.

 He cambiado mi último billete 
 por   monedas de tiempo   y amistad.
A partir  de  ahora,
  prometo  dejar  todo de lado
menos la  infinita lluvia.




5
   Tienden  sus rayos  sobre los tejados las mañanas de sol  

 recogen las nubes  las doblan   y las guardan en los armarios.

esas mañanas

me conocen

  y  yo, las sonrió






6



  Galopa sobre el mundo


 bravo y desbocado.


   Transita por  los rostros de las gentes

atraviesa  espacios de caricias y sueños 

 Inalcanzable  perdura  sobre espacios y lugares  

    inexorable avanza

sin detener  su marcha

  










POETA

Quedó esperando    unas  mañanas que jamás regresarían. Se perdió tras  un  velo de  recuerdos dejando  que la angustia  se quedase...