domingo, 8 de mayo de 2016

EL PERFUME


El perfume

 

 

 Silvia permanecía inmóvil a pesar de llevar un buen rato despierta,  se sentía totalmente mareada y confundida.

No conseguía recordar nada de la noche anterior, el vestido  en el suelo,  los zapatos  y la ropa interior desperdigados por la habitación  le  indicaban que seguramente se habría pasado de copas, era algo que empezaba a ser habitual en ella.

 Tambaleándose se dirigió  al aseo, abrió el grifo del agua caliente y esperó a que la bañera se llenara, echó dentro de ella unas gotas de su perfume favorito dejando   la estancia con un intenso aroma a jazmín.

 Mientras, a escasos kilómetros de la casa de Silvia, el inspector Roberto tenía entre sus manos el caso de los mendigos asesinados.

 Juan, era compañero y amigo de Roberto,  andaba enfrascado en un asunto de violación. En las últimas semanas apenas habían coincidido, pero esa mañana   irrumpió  en el despacho de Roberto  dándole la noticia.

.---- Ha aparecido otro cuerpo cerca del lago, al parecer se trata de otro harapiento.

---- Buenos días, Juan, creó que se te ha olvidado saludar.

-Perdona, pero últimamente ando un poco preocupado , recuerdas el caso de la mujer que golpearon y violaron en el aparcamiento del centro, pues se encuentra  en mi despacho mirando fotos de posibles sospechosos.  No consigo avanzar en su investigación , no tengo ni una maldita pista y   creo que me estoy empezando a obsesionar con la victima .

---- ¿Tranquilízate, dijo Roberto, seguro que al final consigues atrapar a ese hijo de puta.

----Gracias, contestó  Juan, tú siempre tan optimista.
    Intentando dar un nuevo  giro a la conversación preguntó a Roberto por los pasos que se estaban siguiendo  en el caso de  los asesinatos de mendigos.

---- Lo primero que me espera en el día de hoy, es  visitar a nuestro amigo el forense para ver que nos desvelan los muertos., dijo  Roberto, ajeno a los sentimientos  que  estaba experimentando su amigo.

Silvia  la mujer atacada unos meses antes,  se encontraba en el despacho de Juan, ojeando  las fotografías con  los rostros de los  delincuentes; una tras  otra iba pasando las hojas del álbum, sin que ninguna de las imágenes  de los  allí expuestos   le ayudase a recordar algo de aquel maldito día.

  La pierna le empezaba a doler, era una de las  consecuencias de las lesiones de la agresión;   ayudada por un bastón se incorporó. El inspector Juan contemplaba el bello rostro de Silvia, adoraba a aquella mujer de mirada perdida. Le preguntó con su cortesía habitual, si esta vez había  reconocido a alguien o si recordaba  algún detalle por pequeño que fuera.

Se preguntaba como Silvia  había conseguido  sobrevivir: el informe detallaba la gravedad de las heridas infringidas; violada y golpeada con  saña. Después de permanecer varios meses en coma, consiguió sanar   pero su mente estaba llena de lagunas. Día tras día la veía mirar aquellas fotos sin que en su rostro se dibujase señal alguna.

--- Recuerda que cualquier cosa que te pase por la mente por insignificante que sea puede ayudarnos, no lo olvides, repetía Juan, en el vano intento de conseguir encontrar al causante.

Silvia, aferrada  fuertemente la empuñadura de su bastón en forma de pez, y  dispuesta  a salir del despacho del inspector se quedo como dubitativa, como si lo que iba a decir no sirviese de mucho,  y de pronto  volviéndose hacia el inspector  susurro.

.---  Hay  algo  que últimamente se ha instalado en mi pensamiento y no me deja vivir, pero no creo que tenga ningún interés en el caso.

 ---Eso lo decido yo,  contestó Juan intrigado.

--- Desde aquel  día  arrastro conmigo  un olor nauseabundo del cual no consigo desprenderme.

 El inspector  permaneció  estático  al oírla pronunciar aquellas palabras;     necesitaba abrazarla,  hacerla sentir cuanto la amaba. Era consciente que si eso llegaba a ocurrir    tendría que abandonar   el caso; se estaba implicando de tal manera, que no razonaba. Comenzaban  a ganar los sentimientos hacia Silvia , algo que de ninguna manera se podía permitir,  al menos, hasta resolver el sumario.  Necesitaba encontrar al asesino y  que se hiciera  justicia con aquella mujer, incluso sería capaz de vengarla fuera de la ley.  .

 Mientras tanto en otro lugar de la ciudad Roberto,  se encontraba  en el depósito junto con el forense. Los cuerpos de los mendigos asesinados presentaban  las mismas características, una hoja fina  de unos 39cm les había atravesado las costillas y había llegado hasta el corazón causándoles la muerte casi instantánea.

 El arma en cuestión    podía tratarse de un estilete con  hoja  biselada y de doble  filo .Al parecer conocían a la víctima, no se apreciaban señal algunas de resistencia y  por las características de las heridas,  estas  habían  sido infringidas  a pocos centímetros de su agresor.

Había otro detalle que intrigaba al forense,  todas  habían sido rociadas con  perfume.El laboratorio había desvelado los componentes químicos del producto  que presentaban todos los cuerpos, varias empresas  fabricaban  sus aromas  con ellos.

 Roberto se dispuso a recorrer las diversos establecimientos de la ciudad dedicados a su venta, en busca de  compradores de tal esencia. Llevaba varios días de investigación y no había descubierto nada.

 Esa mañana, hizo las mismas preguntas rutinarias, pero esta vez hubo suerte,  una mujer había  comprado  perfume de jazmín,  en grandes dosis a pesar de su elevado precio, ese hecho había llamado la atención de la dependienta; pagaba en efectivo y existía un rasgo indicativo,  cojeaba ligeramente y se apoyaba en un bastón antiguo.

Roberto salió del establecimiento llevando con él  diminutas muestras del perfume, intentó abrir uno de los envases, con tan mala suerte que al  quitar el tapón, el frasco  resbaló de sus manos estrellándose contra el suelo.

  ¿Se preguntaba donde había olido esa fragancia? De pronto recordó: estaba seguro, su instinto no le engañaba, en el despacho de su compañero Juan.

Su mente fotográfica recordó a la mujer que días antes acudía a la comisaria, portando un bastón que le llamó poderosamente la atención por  su empuñadura de pez.
.

Cuando Roberto informo  de sus averiguaciones  a Juan , dándole a entender   que   Silvia reunía las características físicas  de la sospechosa, la reacción de su amigo  era de enfado. A pesar de  los datos aportados, Juan no estaba dispuesto a aceptar que nadie ni tan siquiera su compañero pusiese bajo sospecha a su amada .

 --- ¿Te parece poco lo que ha sufrido, la  violaron y casi muere?
 --- Que otra prueba tienes , aparte del puto perfume,   argumento Juan fuera de si.
----SÍ, comprendo que es solo una sospecha, pero  hay que interrogarla, dijo Roberto  en un intento por calmar a su amigo.

 De pronto  Juan recordó las palabras de Silvia, ese olor que no me deja vivir,  apelando a la amistad que les unía,  pidió   Roberto  el favor de  ser él, quien trajese   a comisaría a Silvia-----. Conmigo  se siente segura , dijo  Juan.

Silvia se sorprendió al ver aparecer al  inspector,---- ¿Que ha  ocurrido  habéis encontrado a mi agresor? preguntó sobresaltada : Juan  negó con la cabeza. no quería engañarla  pero que otra cosa podía hacer.
---- Tienes que acompañarme a comisaria , para aclarar cierto asunto relacionado con el caso, dijo Juan.

 El trayecto era corto  por lo que  decidió que era mejor  ir   caminando, así  dispondría  de  más tiempo para estar con Silvia y trataría  de aleccionarla sobre las preguntas a las que le iba  a   ser sometida  por  su compañero  Roberto; deberían   buscar una explicación lógica  y el  por qué de la  compra de tal cantidad de perfume.

Doblaron la esquina y enfilaron la calle principal;  Un mendigo salió a su encuentro pidiendo limosna, la cara de Silvia se descompuso, su tez se volvió de una palidez extrema, Juan la sujeto fuertemente al ver que se tambaleaba.Su mirada era de autentico terror y con apenas un hilo de voz  pudo sentenciar.--- Es el, es el, repetía  señalándolo.

  El mendigo se había introducido en el callejón, Juan enloquecido  corrió tras  él, cuando  llego a su altura comenzó a golpearlo sin piedad alguna.  El  hombre se tambaleó cayéndose hacia atrás y golpeándose la cabeza.

  No era consciente de sus actos   la ira lo embargaba, el hombre causante del terrible daño causado a Silvia yacía a sus pies  y de su cabeza manaba un sanguinolento liquido.  Era la hora del almuerzo y la calle  estaba desierta. Silvia permanecía hermética y  en su mirada se reflejaban una terrible ausencia.    .
 Juan abrazándola  le comunicó que todo había terminado por fin. ---Nadie te   hará daño de nuevo,  te lo prometo.

Varios días después, Juan se entregaba , se declaraba autor de la muerte del último mendigo.Roberto le tomaba declaración, eran amigos y aun así no podía entenderle.

---Yo la creí, creí a Silvia cuando me dijo que ese hombre había sido su   atacante.

----Me volví loco, la quería por encima de todo, sentía que había hecho justicia, nada más, solo cuando la vi  señalando a otro mendigo  comprendí mi error.

Para Silvia el olor de aquellos hombres, les convertía a todos ellos  en sus agresores. ---  Fue demasiado  tarde  cuando descubrí la verdad.

Al llegar la noche, Silvia buscaba y atraía con sus encantos a aquellos pobres necesitados de todo . Cuando se acercaban a su  piel  en busca de un instante de placer, encontraban la muerte atravesados por la daga oculta  en el bastón . Luego, como en un ritual los rociaba de perfume, en un intento baldío por eliminar esa fetidez   que la perseguía.  

Su mente enferma se desdoblaba en dos personalidades: la Silvia frágil y dulce de la que me había enamorado y la Silvia vengativa y obsesiva, que  poco a poco iba ganando terreno en  el delicado equilibrio de su mente.

Roberto,  haría  todo lo posible por ayudar a su amigo, pensó que fácil era traspasar la fina línea que los separaba de los delincuentes, el amor de Juan por Silvia la había borrado esa línea.

 Cerró el expediente de los mendigos, abrió unos de los cajones de su despacho y saco una botella de ginebra.

EL ESPEJO.


Día 5 de mayo

 

             El despertador de la mesilla de noche se ilumino, la música de la alarma se puso en marcha,  Mario agradeció su   persistente sonido el cual, le alejaba por un instante de su preocupación más  inmediata. Aún se encontraba en  estado de shock, tendría  que ir asimilando  la  situación a la que se enfrentaba. Todo comenzó tras la revisión médica anual de la empresa donde trabajaba, el diagnosticó no dejaba lugar a dudas, tenía un tumor alojado en el intestino.    

             Le quedaban unas pocas horas para su ingreso en el hospital, donde primero se sometería a una operación, continuando con el tratamiento de quimioterapia.

  La mañana estaba fría a pesar de ser mayo; El sol jugaba a esconderse entre las nubes, mientras unas pequeñas gotas de lluvia mojaban los cristales de la habitación. Ensimismado  en sus pensamientos y con la somnolencia producida por la  falta de conciliar un sueño reparador,  cerró de nuevo los ojos y se acurrucó entre las sabanas.

 

  Su inconsciente le iba a jugar  una mala pasada, introduciéndolo  en un   déjá- vu   irracional e imprevisto. Se había vuelto a quedar dormido pero esta vez el despertar era totalmente diferente.   Una sensación placentera, le embargaba,  se sentía una persona renovada y  fuerte; sus temores habían desaparecido y por un momento pensó  que todo  lo concerniente a su enfermedad  había sido un mal sueño del cual acababa de despertar.

  Se levantó despacio intentando  no perder  la  sensación que le embargaba,  se dirigió al baño y el espejo le  devolvió  un  rostro cuya fisonomía revelaba un aspecto juvenil y despreocupado.

 Tenía la percepción absoluta de todo cuanto le rodeaba, pequeños detalles que hasta entonces habían pasado desapercibidos  se le mostraban ahora de una manera totalmente nueva.   

  La angustia de días anteriores había desaparecido, necesitaba  oxigenarse y disfrutar de aquella sensación de dicha que le embargaba.

       Salió de su apartamento y se dirigió al parque, la primavera  dejaba su impronta en cada brizna de hierba, en cada flor que se abría exhibiendo  sus pétalos  al himno acompasado  de los trinos de los pájaros; los arboles se dejaban acariciar por el viento mientras el sonido del agua tintineaba al caer sobre la piedra, Mario tuvo la certeza de encontrarse en el mejor de los auditorios. “El de la vida.”

  Llevaba un buen rato disfrutando de los destellos primaverales cuando un incidente  llamó su atención. Un individuo de edad avanzada yacía en el suelo después de haber dado un traspié; el hombre intentaba  levantarse a duras penas.  

 

--¿Se encuentra usted bien? preguntó Mario al  acudir  en su ayuda, en cualquier  otra circunstancia habría pasado de largo, pero hoy todo era diferente.   Mario sonreía  mientras se preguntaba que le estaba ocurriendo para dedicar parte de su precioso  tiempo  a  un desconocido. Una sensación de afecto  carente de toda  lógica, se adueñó de Mario.

  El individuo con  la  voz entrecortada por el dolor y la humillación, causadas  por la caída, se limitó a agradecerle el gesto.

---- Muchas gracias joven, es lo que tiene llegar a mi edad  que te vuelves torpe,  dijo el hombre intentando sonreír.

   --- ¿--- ¿Le apetece que tomemos un café , comentó Mario en un intento de entablar conversación con aquella persona que le producía tan buenas vibraciones.  

 El  anciano   con gesto de dolor asintió con la cabeza.

        Por la cabeza de Mario se entremezclaban un sinfín de interrogantes, pero se encontraba  al parecer, en una nueva etapa alejada de cualquier signo de  preocupación, por lo que decidió no hacer preguntas, pero en su fuero interno  estaba convencido que se conocían .

Caminaron el uno junto al otro, sin apenas  hablar  al llegar a la cafetería Mario comenzó a darse cuenta que la mejora experimentada se estaba empezando a diluir como el azúcar con el que edulcoraba el café.    Notó la necesidad imperiosa de huir  de aquel lugar y alejarse de aquella persona. Intuía que algo iba a ocurrir por lo que decidió dar por zanjada  su  obra de caridad y regresar a su vida cotidiana.  

   A modo de justificación intentó disculparse con la superficial excusa de la prisa: se  despidió dispuesto  a salir de la cafetería dejando al viejo solo. 

  ---- Encantando de haberle conocido, argumentó Mario, dispuesto a salir corriendo.  

 

       ---Espera  un momento dijo el anciano sujetándolo de la mano,  deja que me  presente

-- Me llamo    Mario.

           El joven esbozó una ligera sonrisa.

      --- Que casualidad, yo también me llamo como usted, dijo Mario intentando ser lo más educado posible. .

      ---Ya lo sé, te conozco desde siempre,  desde que naciste e incluso antes  .

     

          Por un momento se sintió intrigado, pero desecho la idea de entablar   una conversación sobre sus orígenes, llegando   a la conclusión de que sería algún conocido de sus padres.

           El hombre con aparente tranquilidad y como si le hubiera leído el pensamiento dijo con voz  pausada.

       --Si quieres salvarte no me abandones, no tengas prisa, que espere la muerte.

           Al escuchar  esa palabra, Mario se estremeció.  

        Con voz pausada, el  hombre sentencio.

    ---Tienes una cita con ella, a las seis y veinte en el quirófano nº 5.

         Mario notó  que su rostro se congestionaba.

   ¿Quién demonios eres  para hablarme así, yo no te conozco de nada? dijo Mario.

        El viejo mirándolo fijamente contestó:

 ---Cálmate solo quiero ayudarte, si te operas hoy  morirás,  bueno, moriremos los dos.

      ¿Quién le había informado? se preguntaba  Mario.

  ---“Mírame bien, observa mis facciones, continuo el anciano.  

       Mario estaba totalmente descompuesto,  intentaba no perder los nervios, pero   sentía unas ganas locas de  salir corriendo, de huir de aquella pesadilla que regresaba a instalarse en su piel.

       El ruido de la cafetería cesó de pronto,  las miradas de las personas que allí se encontraban se dirigieron a él y como si  se tratase de la musiquilla insistente  de su despertador,.

“Morirás, morirás.”

    ---Es un sueño, solo es un sueño, se repetía a sí mismo.

        El viejo sentencio:

      -  Consigue sobrevivir, puedes y debes hacerlo  por los dos.  

        Y de pronto la oscuridad absoluta lo envolvió todo, Mario sobresaltado abrió los ojos y   se incorporó bruscamente;   todo había sido un maldito sueño., se notaba febril y sudoroso.

Decidió que tenía que ir inmediatamente  al hospital,  intentaba no recordar la pesadilla  con el anciano, pero las palabras de aquel hombre le habían dejado  una sensación de desasosiego y un cierto temor.


        Llamo por teléfono al medico que le iba a intervenir comunicándole su situación, el doctor le recomendó se personase cuanto antes en el centro hospitalario. Mario se encontraba realmente mal, cuando llego a urgencias.                                               .      Después de ser examinado, se le comunico  que en esas circunstancias se suspendería  la operación al menos por unos días. Tenía una fuerte gripe por lo que tendría que permanecer en cama, el doctor después de recetarle las medicinas apropiadas se  dirigió  a la enfermera y le comunico que el quirófano nº 5 quedaba libre.

         Recordó las palabras del viejo  el quirófano  nº5. Siendo perfectamente  consciente  y aun a sabiendas  que todo había  sido una alucinación, se estremeció.

         Después de permanecer varias horas en urgencia la fiebre comenzó a remitir gracias a los antitérmicos.  No creía en las casualidades pero el aplazamiento de la operación le había tranquilizado.

   De regreso a casa le pareció reconocer la cafetería donde se había desarrollado la escena del sueño, aparcó el coche y decidió  entrar en ella, se acercó a la barra y pidió un café. Mario no era un  cliente habitual de ese establecimiento, por eso cuando el camarero se dirigió a él y le entregó un pequeño paquete, su extrañeza  fue en aumento.

         Esto ha dejado un anciano para que se lo entreguemos, Mario dubitativo  soltó el lazo que lo envolvía y al abrirlo se encontró un  espejo  con  el siguiente mensaje grabado:
    ---Si consigues que  este espejo dentro de cincuenta años,  te devuelva  mi rostro sonríele,  habremos ganado a la muerte

POETA

Quedó esperando    unas  mañanas que jamás regresarían. Se perdió tras  un  velo de  recuerdos dejando  que la angustia  se quedase...